Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar. Estaba con mi chico, Javi, en esa tienda de lencería y ropa sexy del centro. El sitio estaba lleno, voces de clientas por todos lados, música suave de fondo. Cogimos un montón de cosas: un vestido rojo cortísimo, con escote hasta el ombligo, tangas de encaje negro, ligueros que subían por el muslo… Tocábamos las telas, tan suaves, nuevas, con ese olor a tienda que me pone cachonda ya.
Javi me guiñaba el ojo, rozándome el culo disimuladamente. ‘Pruébate este’, me dice bajito, pasándome el vestido. Elegimos una cabina grande al fondo, con espejo en tres paredes y uno en el techo. Perfecta para vernos desde todos los ángulos. Entramos apretados, el rideau se cierra con ese ‘shhh’ suave. Afuera, una dependienta pregunta: ‘¿Necesitáis ayuda?’. ‘No, gracias’, respondo yo, voz temblorosa ya.
La elección de la ropa y la entrada en la cabina
Dentro, el aire se carga. Javi me besa el cuello, sus manos bajan por mi espalda. ‘Quítate todo’, susurra. Me bajo los vaqueros, el tanga se pega a mi coño, ya húmedo. Él se saca la polla del pantalón, dura como piedra, venosa, goteando pre-semen. La luz fría del espejo me eriza la piel, veo mi culo redondo reflejado mil veces. Sus dedos me abren las nalgas, rozan mi ano, luego bajan al clítoris. ‘Shhh, no hagas ruido’, dice, pero gimo bajito cuando mete dos dedos en mi coño chorreante.
El tintineo de las perchas colgadas me pone nerviosa, como si alguien pudiera oír. Afuera, risas de chicas probándose cosas. Javi me gira contra el espejo, mi pecho aplastado contra el cristal helado, pezones duros como diamantes. ‘Mírate, puta’, me dice al oído. Su polla roza mi entrada, resbaladiza. Empuja de golpe, me llena entera. ‘¡Joder!’, susurro, mordiéndome el labio. Folla fuerte, ritmos salvajes, pero controlados, plaquitas contra mi culo sin palmadas fuertes.
El polvo intenso y la salida con el secreto ardiendo
Veo todo en los espejos: su polla entrando y saliendo, mi coño tragándosela, jugos bajando por mis muslos. Me agarra las tetas, pellizca los pezones, me dobla un poco para que vea su huevos golpeando. ‘Córrete, zorra’, gruñe bajito. Acelera, su respiración agitada en mi oreja. Yo me corro primero, coño contrayéndose, ahogando gemidos contra mi brazo. Él sigue, profundo, ‘Me corro… dentro’. Siento su leche caliente llenándome, chorros potentes. Nos quedamos jadeando, pegados, olor a sexo fuerte en la cabina pequeña.
Rápido, nos vestimos. Me pongo el vestido rojo, sin tanga, su semen goteando por dentro. Él se cierra el pantalón, polla aún semi-dura marcando. Abro el rideau un poco, miro: nadie cerca. Salimos, sonrientes, como si nada. ‘¿Qué tal?’, pregunta la dependienta en caja. ‘Genial, nos lo llevamos todo’, digo, piernas temblando, coño palpitando con su corrida dentro. Pagamos, salimos al bullicio del centro comercial, secreto ardiendo bajo la ropa. Cada paso me recuerda su polla, su leche. Quiero más ya.