¡Dios, aún me tiemblan las piernas! Estaba en esa tienda de ropa en el centro, una de esas con probadores grandes, espejos por todos lados. Yo, Lola, 32 años, abierta como siempre al morbo público. Elegí un vestido rojo ajustado, ceñido al culo, y unas bragas de encaje negro. ‘¿Me ayudas con la cremallera?’, le dije al vendedor, un tío alto, moreno, con ojos de lobo. Se llama Pablo, vi su placa. Sonrió pícaro, ‘Claro, guapa, entro contigo’.
El corazón me latía fuerte. Cierro el cortina, ese roce suave del tejido. Dentro, huele a ropa nueva, esa textura lisa y fresca contra la piel. Él se pega detrás, sus manos en mi espalda. ‘Qué cuerpo, joder’, susurra. Siento su aliento caliente en el cuello. Afuera, voces de clientas, risas, el tintineo de perchas. Yo me quito el top despacio, el sujetador también. Mis tetas al aire, duras ya. Él traga saliva, eh… ‘¿Quieres ver cómo me queda?’, digo bajito, girándome. Nuestros ojos se clavan. Su polla ya abulta los pantalones. Tensión eléctrica, el espejo refleja todo: mi coño húmedo bajo la falda, su bulto creciendo.
La elección y la tensión en la cabina
No aguantamos. ‘Fóllame ya’, le pido con voz ronca. Me empuja contra el espejo, frío en las tetas, eriza la piel. Baja mis bragas de un tirón, el elástico chasquea. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Meto mano en su pantalón, saco esa polla gruesa, venosa, cabezona. ¡Joder, medía 20 cm fácil! La chupo rápido, saliva chorreando, glup glup suave para no hacer ruido. Él gime ahogado, mano en mi pelo. ‘Para, o me corro’, dice. Me pone de rodillas, polla en mi boca profunda, garganta apretada. Afuera, pasos, una voz: ‘¿Hay alguien en esa cabina?’. Nos paramos, jadeando. El morbo sube x1000.
El polvo brutal y la salida ardiente
Me levanta, piernas abiertas contra el espejo. ‘Métemela toda’, suplico. Empuja, rasga mi coño, duele rico. ‘¡Ahh!’, muerdo mi labio. Entra hasta el fondo, cojones contra mi culo. Folla duro, pero controlado: pla pla pla sordo. Espejos everywhere: veo su polla entrando y saliendo, mi coño tragándola, jugos bajando por muslos. Sus manos aprietan tetas, pellizcan pezones. ‘Cállate, zorra, o nos pillan’, susurra. Yo me corro primero, coño convulsionando, chorro caliente. Él acelera, ‘Me voy a correr dentro’. ‘Sí, lléname’, gimo bajito. Eyacula fuerte, semen caliente inundando, chorros potentes. Nos quedamos pegados, sudados, oliendo a sexo. Limpio con las bragas, se las guardo.
Salimos. Él primero, profesional: ‘¿Qué tal la cremallera?’. Yo, sonriendo, pelo revuelto sutil. ‘Perfecto, me lo llevo’. Afuera, clientas miran raro, ¿olor? ¿ruido? Pago el vestido, semen goteando en mis muslos bajo la falda. Camino cojeando leve, coño palpitante. Secret quemando, excitada aún. Mañana vuelvo, ¿repetimos?