Follada brutal en la cabina de probadores con dos machos jockey

Estaba en ese centro comercial cerca de Burdeos, el finde con Henry. Quería un vestido sexy para la cena, algo corto que marcara mis curvas. Entré en la tienda, olía a ropa nueva, ese aroma fresco que me pone. Vi a dos tíos, pequeños pero cachas, como jockeys: Jack, rubio flaco con ojos azules fieros, y Bill, moreno trapo con nariz rota y torso peludo. Me miraron de arriba abajo, sonriendo con picardía.

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‘¿Necesitas ayuda?’, dijo Jack en un francés torpe, pero con acento cockney que me calentó. Les pedí que me trajeran tallas. Cogí tres vestidos: uno negro ajustado, otro rojo fuego. ‘Voy a probármelos’, les guiñé el ojo. La cabina era grande, con espejo enorme, rideau rojo grueso. Colgué los vestidos, tintineo de perchas metálicas. Me quité la blusa, sujetador, falda. Desnuda, piel erizada por el aire frío del espejo. Oí voces fuera, clientas charlando.

Elegí la ropa y entró la tensión

El rideau se movió. Jack asomó la cabeza. ‘¿Te ayudo con la cremallera?’. Entró, luego Bill. ‘Shhh, no hagáis ruido’, susurré, corazón latiendo fuerte. Sus ojos en mis tetas, mi coño depilado. ‘Joder, qué tetas’, murmuró Bill, voz ronca. Cerré el rideau, clic del gancho. La tensión explotó. Jack me tocó la cintura, piel suave contra mi calor. Bill rozó mi culo, manos callosas.

Jack me besó el cuello, lengua húmeda. ‘Eres una diosa’, dijo bajito. Me puse el vestido negro, pero Jack lo bajó, exponiendo pezones duros. Los chupó, succionando fuerte, yo mordí mi labio para no gemir. Fuera, pasos, risas. Bill se arrodilló, abrió mis piernas. ‘Mira este coño mojado’, lamió mi clítoris, lengua áspera, chupando jugos. Yo temblaba, manos en sus cabezas. ‘Quietos… nos oirán’, jadeé, pero abrí más.

Bill sacó su polla: gorda, venosa, enorme para su tamaño. ‘Métemela’, supliqué en susurro. Me giró contra el espejo, frío en tetas. Empujó, polla abriendo mi coño chorreante. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñó bajito. Follando lento al principio, plaf plaf suave contra mi culo. Jack sacó la suya, blanca, tiesa. ‘Chúpala’, ordenó. Me metí en boca su verga, salada, gorda. Lengua en el glande, mamando mientras Bill me taladraba.

El polvo intenso y el clímax

Cambiaron. Jack detrás, su polla más fina pero larga, entró fácil en mi coño lubricado. ‘Fóllame fuerte’, pedí ahogada. Bill en mi boca, polla palpitante, bolas peludas rozando barbilla. Espejo reflejaba todo: mi cara de puta, pollas entrando saliendo. Sudor goteando, olor a sexo mezclado con tela nueva. Aceleraron, yo mordía para callar gemidos. ‘Me corro… shhh’, susurró Jack, llenándome de leche caliente.

Bill me sacó, me puso a cuatro patas en el banquito. ‘Ahora el culo’, dijo. Escupió en mi ano, polla gorda presionando. Dolor placer, entró despacio. ‘¡Coño, qué ano apretado!’, jadeó. Jack debajo, polla en coño otra vez. Doble penetración, pollas rozándose dentro, separadas por membrana fina. Movimientos sincronizados, susurros: ‘Más… sí…’. Orgasmo me pilló, cuerpo convulsionando, mordiendo mi mano. Ellos eyacularon, chorros calientes en coño y culo.

Salimos sudados, yo con vestido puesto, semen goteando piernas. ‘Gracias por la ayuda’, sonreí al cajero, piernas temblando. Pagamos, salí al pasillo, clientas ajenas. Secreto ardiendo bajo ropa, coño palpitando, sonrisa pícara. Henry me esperaría, sin saber mi polvo loco.

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