Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó ayer en esa tienda del centro. Yo, con mis 33 tacos, tetas grandes y culo generoso, siempre abierta a lo prohibido. Me encanta el morbo de los sitios públicos, sentir que nos pueden pillar. Fui a comprar unos vestidos ajustados, de esos que marcan todo. Mi marido estaba afuera con su jefe, un italiano alto, moreno, con hombros anchos y mirada de depredador. Se llama Alessandro, como el jefe de Alain en esa historia que leí. Eh… coincidencia, ¿no?
Entro en la tienda, sudada del gym, con pantalón blanco pegado al coño y camiseta fina. Elijo un vestido rojo ceñido, otro negro con escote. Alessandro, el vendedor, no el jefe, ups, me ayuda. ‘Señora, ¿necesita probador?’, dice con acento sexy. Sus ojos recorren mis curvas. ‘Sí, gracias’, respondo, mordiéndome el labio. Oigo voces: mi marido charlando con clientes, risas lejanas. Cling, cling, cuelgo los vestidos en la cabina. Tela nueva, suave, huele a limpio. Entro, cierro el rideau. Pero… ‘¿Puedo ayudarla con la cremallera?’, pregunta él desde fuera. Mi corazón late fuerte. ‘Pasa’, digo bajito.
Elegí la ropa y la tensión explotó al cerrar la cortina
Él entra. Espacio chiquito, espejos por todos lados. Veo mi culo redondo reflejado mil veces. Su cuerpo cerca, calor. ‘Qué curvas’, murmura. Tensión eléctrica. Manos en mi cintura, sube la cremallera lento. Siento su polla dura contra mi trasero. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurro. Afuera, voces: ‘¿Has visto ese modelo?’. Él me gira, boca contra boca. Beso húmedo, lenguas enredadas. Sus manos aprietan mis tetas, pezones duros bajo el vestido. ‘Quítamelo’, gimo suave. Tela cae, *susurro*, frío del espejo en mi espalda desnuda.
Me pone de rodillas. ‘Chupa mi polla’, ordena bajito. Desabrocho su pantalón, sale esa verga gruesa, venosa, cabezona. La huelo, a hombre. La meto en boca, chupó profundo, saliva goteando. Él agarra mi pelo, folla mi garganta suave, sin gemir fuerte. Espejos muestran todo: mi coño depilado brillando de jugos. Levanto, me empotra contra el espejo. Frío en tetas, en culo. ‘Fóllame ya’, suplico. Dedos en mi coño, *chap chap*, empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice. Polla en entrada, empuja. ¡Dios! Llena mi coño, gruesa, dura. Bombeos lentos primero, crece ritmo. *Ploc ploc*, carne contra carne, ahogado.
El sexo brutal en la cabina y la salida con el secreto
Aprieto labios para no gritar. Su mano tapa mi boca, otra en clítoris. ‘Córrete, zorra’, gruñe al oído. Miro espejos: él atrás, polla entrando-salida, mis tetas botando, jugos por muslos. Acelera, brutal. Coño aprieta, orgasmo me sacude, muerdo su mano. Él sigue, *zas zas*, hasta vaciarse dentro. Leche caliente inunda, chorrea. Jadeamos. ‘Rápido, vístete’, dice. Limpio con toalla papel, olor a sexo en aire. Tela nueva sobre piel sudada, cremallera sube temblando.
Abro rideau. Cara roja, pelo revuelto. Él sale primero, profesional. ‘¿Qué tal?’, pregunta mi marido desde lejos. ‘Perfecto, me lo llevo’, digo con voz ronca. Pago en caja, piernas flojas, semen goteando en braguita. Alessandro guiña ojo. Salgo, secreto quemando bajo vestido. Afuera, sol pega, coño palpita. Miradas de otros hombres, no saben. Volví a casa, follé a mi marido contando mentiras. Pero esto… inolvidable. ¿Os animáis vosotras?