Ay, chicos, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fue el martes pasado, en esa tienda de ropa del centro comercial. Hacía semanas que chateaba con Pablo, un tío que conocí en una app. Sus mensajes me ponían la concha ardiendo: ‘Quiero follarte en público, verte en el espejo mientras te como el coño’. Le propuse vernos allí, ‘disimulando’. Llegó puntual, moreno, atlético, con esa colonia que huele a macho. ‘Hola guapa’, me dice con voz ronca, rozándome la mano. Elegí unos vestidos cortos, ajustados, y lencería roja que deja las tetas casi al aire. ‘Pruébate este’, me dice el vendedor, pero mis ojos van a Pablo. Cojo tres prendas y tiro para los probadores. ‘Ven, ayúdame a elegir’, le susurro. Entra detrás, el corazón me late fuerte. Cierro el cortinón, ese ruido rasposo del metal. El espacio es diminuto, espejos por todos lados: techo, paredes, suelo. Veo mi culo en el reflejo, su paquete ya marcado en los pantalones. ‘Shhh, hay gente fuera’, digo, pero ya me besa el cuello, manos en mis tetas. Saco el vestido por la cabeza, teta izquierda se sale del sujetador. ‘Joder, qué pechones’, murmura, lamiéndome el lóbulo. El roce del tejido nuevo en mi piel, fresco, suave. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’. Mi coño palpita. Le bajo la cremallera, su polla salta dura como piedra, venosa. ‘No hagas ruido…’, pero gimo bajito cuando la agarro, caliente, latiendo.
No aguanto más. Me gira contra el espejo, frío en las tetas. ‘Mira cómo te follas’, me dice. Baja mis bragas, el string se engancha en mis muslos. Dedos en mi coño, resbaladizo, chorreando. ‘Estás empapada, puta’. Dos dedos dentro, chapoteo suave, me muerdo el labio. Afuera, pasos, risas. Me arrodillo, probador huele a perfume y sudor. Polla en mi boca, salada, gorda. Chupo despacio, lengua en el capullo, bolas en la mano. Él gime ahogado, mano en mi pelo. ‘Para, o me corro’. Me levanta, piernas en alto contra el espejo. Polla en mi entrada, empuja. ‘¡Ahh!’, tapo mi boca. Entra de golpe, llena mi coño, tetas rebotando en el cristal. Follando fuerte, ritmo salvaje, pero susurros: ‘Cállate, zorra, te oyen’. Veo todo en los espejos: su culo bombeando, mi coño tragándosela, jugos bajando piernas. Cambio, me pone de espaldas, manos en el perchero, cintres tintinean bajito. Polla otra vez, más hondo, contra el útero. ‘Me vengo…’, susurro. Él acelera, ‘Aprieta el coño’. Orgasmo me sacude, piernas flojas, muerdo su mano. Sigue, ‘Ahora yo’. Chorros calientes dentro, semen goteando. Sudor, respiraciones jadeantes. ‘Joder, ha sido brutal’, dice riendo bajito.
Entrando en la cabina: La ropa sexy y la tensión que sube
Nos recomponemos rápido. Bragas empapadas de corrida, vestido puesto, tetas revueltas. ‘Cómpralo’, me dice. Salgo primero, piernas temblando, olor a sexo en el aire. Vendedor: ‘¿Qué tal?’. ‘Perfecto, me lo llevo’, sonrío, coño palpitando aún. Pablo sale después, finge mirar camisas. Pago, secretito quemando bajo la falda, semen resbalando. Fuera, nos miramos: ‘Repetimos?’. Ay, el subidón de casi pillados, espejos grabados en mi mente. Aún me toco recordándolo.