Follada intensa en la cabina de probadores con el vendedor

Ay Dios, acabo de salir de esa tienda y aún me tiemblan las piernas. Estaba mirando lencería en el centro comercial, un sábado por la tarde. Elegí un conjunto rojo fuego: tanga diminuta, sujetador push-up y un body transparente. La tela nueva olía tan rico, suave como seda contra mis dedos. El vendedor, un moreno alto, ojos verdes, sonrisa de lobo, se acercó. ‘¿Necesitas ayuda con las tallas?’, dijo bajito, mirándome las tetas.

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‘Sí, ¿puedes venir al probador?’, le solté, con el pulso acelerado. Me guiñó un ojo y cogió las prendas. Caminamos al fondo, donde hay cabinas grandes con espejo de tres caras. Oía voces de familias fuera, niños riendo, perchas tintineando. Entramos los dos. Cerré el rideau rojo, ese ruido rasposo… clic. El espacio era chiquito, olía a perfume y a su colonia fuerte. ‘Pruébatelo, yo te ajusto’, murmuró, tan cerca que noté su aliento en mi cuello.

Elige la ropa y la tensión sube

Me quité la blusa despacio, sintiendo sus ojos clavados. El espejo reflejaba todo: mis pezones endureciéndose. Él tragó saliva. ‘Qué curvas…’. Dudé, ‘Shh, nos oyen’. Pero ya estaba mojada, el corazón bombeando. Se acercó más, sus manos en mi cintura. ‘Déjame ayudarte con el sujetador’. Sus dedos rozaron mis tetas, el cold del espejo contra mi espalda cuando me apoyé. Fuera, una voz: ‘¿Dónde está el baño?’. Frisson total.

No aguanté. Le bajé la cremallera del pantalón. ‘Joder, qué polla dura tienes’, susurré. Gruesa, venosa, saltó libre. Me arrodillé, el suelo frío bajo mis rodillas. La lamí desde la base, sabor salado, huevos pesados. Él gimió bajito, ‘Cuidado, nena…’. Chupé el glande, succionando, saliva chorreando. Sus manos en mi pelo, empujando suave. ‘Tu boca es fuego’. Me puse de pie, él me arrancó la tanga. ‘Estás empapada, coño chorreante’. Me giró contra el espejo, tetas aplastadas en el vidrio helado, pezones doliendo de placer.

Clímax brutal y salida con secreto

Entró de un empujón, ‘¡Ahhh!’, mordí mi labio para no gritar. Polla llenándome, estirándome. Follando duro, pla pla pla contra mi culo, pero susurros: ‘Quieta, que nos pillan’. Yo arqueada, coño apretándolo, jugos bajando por muslos. Espejos everywhere: veía su cara de placer, mi cara puta, tetas botando. ‘Más rápido’, jadeé. Él me tapó la boca, bombeando salvaje. Sentí su polla hincharse, ‘Me corro…’. Chorros calientes dentro, mi orgasmo explotando, piernas temblando, gemido ahogado.

Se apartó, semen goteando. Rápido, nos vestimos. ‘Eres una guarra’, rio bajito. Limpié con la tanga, la tiré al suelo. Salí primero, cara roja, pelo revuelto. Él detrás, normalito. Fuera, clientes mirando ropa. ‘¿Todo bien?’, preguntó una señora. ‘Sí, perfecto’, sonreí, coño palpitando aún. Pagué el conjunto, él metió la tanga usada en la bolsa, guiño. Salí del magasin, piernas flojas, secreto quemándome bajo la falda. Aún huelo a sexo. ¿Repetimos?

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