Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Era sábado por la tarde, Zara a reventar de gente. Yo, con ganas de algo provocativo, cojo varios vestidos ceñidos, tangas diminutas y un body negro de encaje. El vendedor, un tío alto, moreno, ojos verdes como los de un lobo, tipo treinta años, musculoso bajo la camisa… Me dice: ‘¿Necesitas ayuda, guapa?’ Sonrío, ‘Sí, ven a ver cómo me queda’. Cojo las prendas, entro en la cabina grande del fondo, la más apartada. Él detrás, ‘Para ayudarte con la cremallera’. Cierro el rideau, shhh, el corazón me late fuerte. Tintineo de perchas, el olor a tela nueva, fresco. Me quito el top, sostén, falda. Quedo en bragas. Él entra sigiloso, ojos clavados en mis tetas. ‘Joder, qué curvas’, murmura. Yo me pongo el body, el encaje roza mis pezones duros. Se acerca, mano en mi cintura, ‘Déjame ajustarlo’. Su aliento caliente en mi cuello. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’ Tensión brutal, coño ya húmedo. Me giro, espejo enfrente, veo su paquete hinchado. ‘Cuidado, nos oyen’, susurro, pero le rozo la polla por encima del pantalón. Dura como piedra.
No aguanto más. Le bajo la cremallera, polla gruesa salta fuera, venosa, cabezota roja. ‘Mmm, qué rica’, digo bajito. Me arrodillo, frío del suelo en rodillas, pero su olor a macho me enloquece. La chupo despacio, lengua en el frenillo, saliva chorreando. Él gime suave, ‘Joder, para…’. Mano en mi cabeza, folla mi boca suave, no fuerte por ruido. Afuera, pasos, risas. Me levanto, me quita las bragas de un tirón, tela rasga un poco. Dedos en mi coño empapado, ‘Estás calada, puta’. Dos dentro, revuelve, clítoris hinchado. Me empotra contra el espejo, frío en tetas, pezones rozan cristal. ‘Shh’, me besa duro, lengua invadiendo. Levanta mi pierna, polla roza labios vaginales. ‘Fóllame ya’, suplico ahogada. Entra de golpe, coño se abre, lleno hasta el fondo. Ay, el estirón… Bombeamos lento al principio, plaf plaf suave contra mi culo. Miro espejo: mi cara de zorra, tetas botando, su polla entrando-saliendo, jugos brillando. Acelera, mano en boca para no gritar. ‘Cógeme las tetas’, gimo. Aprieta pezones, duele rico. Cambio, me pone de espaldas, perrito contra pared. Polla en coño profundo, bolas golpean clítoris. ‘Me corro’, jadea. ‘Dentro, lléname’. Chorros calientes inundan, coño palpita, orgasmo me dobla. Sudor, olor a sexo, piernas temblando.
La elección de la ropa y la tensión en la cabina
Sale primero, arregla pantalón, guiño: ‘Te espero fuera’. Yo me visto rápido, coño gotea semen por muslos, bragas rotas en bolso. Salgo, cara roja, pelo revuelto. ‘¿Todo bien?’, pregunta casual. ‘Perfecto, me llevo todo’. En caja, él cobra, roza mi mano: ‘Vuelve pronto’. Afuera, piernas flojas, semen resbalando, clientas miran raro. Secreto ardiendo bajo la ropa, coño palpitando todavía. ¡Qué subidón, el miedo a ser oídos, los espejos multiplicando el polvo! Aún huelo su polla.