Follada en el probador: Mi aventura ardiente con un desconocido

Dios, acabo de salir de esa tienda y aún me tiemblan las piernas. Todo empezó hace unas semanas en un chat anónimo. Él, un desconocido de 40 años, cuerpo atlético, polla que prometía en fotos borrosas. Yo, abierta a todo, fantaseando con riesgos públicos. Le propuse: ‘Nos vemos en un Zara, fingimos ser extraños y follamos en el probador’. Aceptó. Hoy, nervios y coño ya húmedo.

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Entro en la tienda, el aire acondicionado me eriza la piel. Elijo un vestido rojo ceñido, tacto sedoso nuevo, crujiente al rozarlo. Otro negro, transparencias que dejan ver el tanga. Clinc-clinc, las perchas chocan en la barra. Oigo voces de clientas afuera, risas, pasos. Él está cerca, lo siento. Nuestras miradas se cruzan en el espejo del pasillo: sonrisa pícara, guiño. ‘¿Te ayudo con eso?’, murmura bajito, fingiendo ser un dependiente. Entro en la cabina grande, esquina discreta. Cierro el rideau con un siseo suave. El espejo enfrente, frío al tocarlo con la espalda. Espera… un roce en la tela. Entra rápido, cuerpo pegado al mío. ‘Shhh’, susurra, mano en mi boca. Su aliento caliente en el cuello. Polla ya dura contra mi culo, a través del pantalón. Tensión eléctrica, corazonazos. ‘Quítate la falda’, ordena ronco. La bajo despacio, elástico rozando muslos. Tanguita empapada. Él se desabrocha, glup, cremallera. Su polla salta libre, gruesa, venosa, goteando pre-semen.

La elección de ropa y el rideau que enciende todo

No perdemos tiempo. Me gira contra el espejo, tetas aplastadas en el cristal helado, pezones duros como piedras. ‘Mira cómo te follan’, gruñe. Escupe en su mano, moja mi coño abierto. Dedos gruesos abren labios, rozan clítoris hinchado. Gimo bajito, ‘¡Casi…!’. Afuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Silencio mortal. Él empuja, polla cabezona forzando entrada. ‘Joder, qué prieta’, jadea contenido. Me clava de un golpe, hasta los huevos peludos contra mi culo. Follando duro, ritmos salvajes, plaf-plaf ahogados por mi mano en la boca. Espejos por todos lados: veo su cara tensa, sudor perlando frente; mi coño tragando su verga, jugos chorreando muslos. ‘Más… pero shhh’, suplico entre dientes. Me agarra tetas, pellizca pezones, tira pelo. Cambio: me sube al banquito, piernas abiertas. Boca en mi clítoris, lengua lamiendo furiosa, chupando labios. ‘Sabe a puta cachonda’, dice. Meto su cabeza, muelo contra cara barbuda. Casi grito, mordisco labio hasta sangre. Ahora yo de rodillas, probador oliendo a sexo. Polla en mi boca, salada, palpitante. Chupo glotona, huevos en mano, lengua en ano. ‘Me corres’, ordeno. Él contiene, ‘No aún, zorra’. Me pone a cuatro, espejo testigo. Penetra coño otra vez, brutal. ‘¡Fóllame como perra!’, susurro histérica. Bombeos feroces, huevos golpeando clítoris. Orgasmo me arrasa, coño contrayéndose, chorro mojando suelo. Él gruñe mudo, semen caliente llenándome, chorros espesos goteando. Beso salvaje, lenguas mezclando saliva y restos.

Sudados, jadeantes. Limpio rápido con tanga, semen pegajoso entre piernas. Él sale primero, ‘Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, respondo voz temblorosa. Salgo, pelo revuelto, mejillas rojas. Vuelvo al pasillo, piernas flojas, coño palpitando lleno de su leche. En caja, él finge escanear vestido rojo. ‘Bonita elección’, sonrisa cómplice, ojo guiño. Pago, siento fluir semen por muslo interno, marca húmeda en falda. Afuera, clientas ajenas, yo con secreto ardiendo. Caminando, vibraciones internas me excitan de nuevo. Quiero más. Mañana, otro chat: ‘Probador otra vez?’.

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