Estaba en esa tienda de lencería, con el bolsillo vacío después de un mes de mierda freelance. Elegí un conjunto rojo fuego, encaje que me marca las curvas. Mis tetas 90C desbordan el sujetador, mi culo redondo perfecto para follar por detrás. El vendedor, un chaval de unos 25, moreno, con pinta de tímido pero paquete marcado. Le pedí ayuda: ‘Oye, ¿me ayudas con esto? Quiero ver si me queda bien’. Me metí en la cabina, colgando las perchas, tintineo de caderas metálicas. El olor a ropa nueva, fresco, me excita ya.
Él asoma la cabeza: ‘¿Todo bien?’. ‘Pasa, cierra el rideau’. El corazón me late a mil. Su cuerpo entra, el espacio chiquitito, roza mi piel. Afuera, voces de clientas, risas, pasos. Cierro el rideau con un susurro rasposo. Me miro en el espejo, triple reflejo de mi cuerpo latino, carnoso, muslos gruesos pero firmes. Me quito la camiseta despacio, el sujetador nuevo ajustado. ‘¿Qué tal?’, le digo bajito, girándome. Sus ojos se clavan en mis tetas. ‘Joder… está genial’. Mi mano roza su brazo, accidental. El aire se calienta, su respiración pesada. Siento mi coño humedeciéndose contra las bragas.
Entrando en la Cabina: La Tensión que Quema
No aguanto más. Le empujo suave contra la pared, fría del espejo contra su espalda. ‘Shh, no hagas ruido, que nos oyen’. Desabrocho su pantalón, zipper bajando lento. Su polla salta, dura como piedra, venosa, cabezona. ‘Mmm, qué rica verga tienes’. La agarro suave, piel suave deslizándose. Lubrico con mi saliva, escupo en la mano. Afuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Nos miramos, adrenalina pura. Empiezo a pajearlo firme, arriba-abajo, girando en el glande. Gime bajito, ‘¡Joder, para…!’. Pero empuja caderas. Le tapo la boca con la otra mano, mis tetas rozándole el pecho.
Me arrodillo, rodillas en el suelo duro. El espejo me devuelve la imagen: yo chupándosela como puta. Lamo el freño, lengua plana, saboreo su precum salado. ‘¿Quieres que te la meta entera?’. Asiente, ojos vidriosos. La engullo, garganta profunda, labios apretados como coño. Chup chup húmedo, contengo arcadas. Su mano en mi pelo, pero le clavo mirada: ‘Yo mando’. Afuera pasos cercanos, murmullos. Me cago de miedo y me corro de gusto. Me levanto, desabrocho sujetador. Tetas libres, pezones duros. Las aprieto contra su polla, branlette española. ‘¿Te follo las tetas? Dime sí’. ‘Sí, joder, sí… hazme correr’. Arriba-abajo, piel contra piel resbaladiza, glande asomando rojo.
El Placer Brutal y el Secreto al Salir
Acelero, aprieto fuerte, simulo paja vaginal. Gime ahogado, ‘¡Me corro, hostia!’. Freno, ‘Espera, ¿me haces descuento total?’. ‘¡Sí, lo que sea, sigue!’. Reanudo, stop and go, lo tengo al borde. Lamo glande, succiono, mano en huevos apretados. Explota: chorros calientes en mis tetas, tres, cuatro giclées espesos. Cuerpo temblando, ojos en blanco, mordiéndose labio para no gritar. Dirijo el resto a mi escote, semen chorreando tibio. Le exprimo suave, post-corrida, polla sensible palpitando.
Me limpio rápido con kleenex, ropa nueva pegada con sudor y leche. ‘Quedamos en paz, ¿eh?’. Sonríe tonto, sube pantalón. Salgo primero, pelo revuelto, mejillas rojas. En caja, ‘Me lo llevo todo, pero… descuento especial?’. Guiña ojo, ‘Gratis para ti’. Pago nada, salgo con bolsas, coño palpitando, semen secándose bajo blusa. Afuera, clientas normales, yo con el secreto ardiendo. Cada espejo me recuerda su polla entre mis tetas. Quiero más.