Follada prohibida en la cabina de probadores con dos pelirrojas

¡Madre mía, aún me tiemblan las piernas al recordarlo! Estaba en esa tienda enorme de ropa interior y bikinis, el aire cargado de olor a tela nueva y perfume barato. Pablo, mi novio, y yo cogimos un montón: encajes negros que rozan como seda, push-ups que levantan tetas, un vestidito rojo ceñido. Reíamos tontamente, excitados ya. Al lado, dos pelirrojas flipantes. Pierrette, una madurita de sesenta y pico, con curvas de infarto, tetazas desbordando un bikini floreado azul. Y su sobrina Marie, cincuenta tacos pero cuerpo de diosa, alta, flaca, melena roja salvaje, como presentadora de telediarios sexys.

—Hola, guapos, ¿probando también cositas picantes? —dijo Pierrette con acento francés juguetón, guiñando ojo. Charlamos, flirteamos. Voces de clientas fuera: “¿Ves ese tanga?”. Pierrette: “¡La cabina grande está vacía! Vamos todos, hay espejos por todos lados”. Entramos apretujados. Ras del cortina al cerrarse, tintineo metálico de perchas colgando. Aire frío, espejo helado contra mi espalda desnuda al quitarme la blusa. Pablo me roza el culo, susurro: “Shh, qué morbo”. Pierrette se saca la camisilla, tetas bambolean pesadas. Marie, sudada del calor, se envuelve en una toallita húmeda del baño del probador, pezones duros pinchando tela, cabeza baja secándose el pelo largo. “Tía, ¿tienes crema? Olvidé la mía”, dice, removiéndolo todo, servilleta sube un pelín, flash de su coño con pelitos negros mojados. Yo trago saliva, Pablo se pone tieso.

Elegimos la ropa sexy y entramos juntas

Pierrette ríe bajito: “Mira qué culazo, Marie, gírate”. Marie, inocente, se gira, toalla arriba, culo blanco redondo con cerecitas tatuadas, faja hinchada. “¿Qué tal?”, pregunta, meneándolo. Pablo jadea, polla abultando pantalón. Yo no aguanto, le bajo el zipper: dura como piedra, venosa. Pierrette se arrodilla primero: “Déjame probar”, mama la polla de Pablo con labios expertos, chup chup húmedo, saliva goteando. Marie ve, ruboriza pero se acerca: “Joder, tía…”. Yo le quito toalla, coño al aire, labios gordos rojos hinchados, clítoris asomando. La empujo al espejo: “Lámeme el coño, anda”. Lengua suya caliente en mi raja, chupando fuerte, dedos metiendo y sacando. Pablo folla boca de Pierrette, manos en melena roja: “Qué rica mamas, cabrona”. Cambio: Pablo me empotra contra espejo, polla gruesa abriendo coño, plaf plaf suave para no armar ruido. Marie lame tetas de Pierrette, yo meto dedos en su chochito empapado. Espejos multiplican: pollas entrando, coños chorreando, culos temblando. Gemidos ahogados: “Ahh… shh… joder, me corro”. Sudor pica ojos, texturas: encaje arañando pezones, piel pegajosa, semen preeyaculación untándose muslos. Pierrette susurra: “Córrete dentro, Pablo”. Él gruñe mordido labio, chorros calientes llenándome coño. Marie se corre frotando clítoris en mi muslo, squirt leve salpicando suelo.

Vestimos a toda prisa, coño goteando semen bajo bragas nuevas, tetas marcadas roces. Pierrette paga bikinis, guiños: “Gracias por el azúcar… digo, por el show”. Marie roja como tomate: “No digáis nada, eh”. Salimos, piernas flojas, clientas miran raras, cajera: “¿Todo bien?”. Secreto quema bajo ropa, frisson eterno. Fuera, Pablo: “Repetimos?”. Hostia sí.

Leave a Comment