Follada salvaje en el probador con un viejo ruso desconocido

Ayer estuve en Zara, buscando algo sexy para una cita. Elegí un vestido negro ajustado, unas braguitas de encaje y un sujetador push-up. El tintineo de las perchas nuevas me ponía ya nerviosa, ese olor a ropa fresca, impecable. Vi a un tío mayor, grandote, ruso creo por el acento, unos 60 años, pelo gris, mirando camisas. Nuestras miradas se cruzaron en el espejo. Sonreí, él se acercó. ‘¿Qué tal me queda?’, le dije juguetona, enseñándole el vestido.

Me siguió al probador grande, el último del pasillo. ‘Ven, ayúdame con la cremallera’, susurré. Cerré el rideau con un siseo suave. El corazón me latía fuerte. Afuera, voces de clientas charlando, pasos. Él entró, su cuerpo enorme ocupaba todo. ‘Shhh’, dijo con voz ronca, su aliento caliente en mi cuello. Toqué su pecho ancho, pelo gris saliendo de la camisa. Sus manos rugosas bajaron por mi espalda, textura áspera contra mi piel suave. El espejo enfrente nos reflejaba multiplicados, yo en bragas, él ya con bulto en los pantalones.

La elección de la ropa y la tensión en la cabina

No aguanté. Le bajé el pantalón, polla gruesa saliendo, venosa, medio tiesa. ‘Joder, qué polla más gorda’, murmuré. La agarré, piel caliente, pulsando. Él me apretó contra el espejo frío, pezones duros rozando el cristal helado. Me arrodillé, olor a hombre maduro, sudor leve. Lamí el glande salado, lengua alrededor, chupando despacio para no hacer ruido. Sus manos en mi pelo, empujando suave. Afuera, ‘¿Dónde está el baño?’, una voz. Me mojé el coño solo de oírlo. La mamé honda, garganta apretada, saliva goteando. Él gemía bajo, ‘Da, malyshka…’,

El polvo brutal y la salida con el secreto

Se puso tiesa del todo, enorme. Me levantó, piernas alrededor de su cintura. ‘Fóllame ya’, supliqué en susurro. Me bajó las bragas, dedo grueso en mi coño chorreante, ‘Qué húmeda estás, puta’. Empujó la polla de un golpe, estirándome, dolor-placer. ‘Ahh…’, mordí su hombro para no gritar. Me follaba contra el espejo, embestidas brutales, plaf plaf suave contra la tela del rideau. Veía mi cara en éxtasis en todos los espejos, tetas botando, su culo viejo moviéndose. ‘Más fuerte, pero calladitos’, jadeé. Cambiamos, yo a cuatro patas, él detrás, polla resbalando en mi coño rasurado. Manos en mis caderas, clavándome uñas. ‘Tu coño aprieta como virgen’, gruñó. Me tapé la boca, gimiendo, orgasmos viniendo en olas, cuerpo temblando. Él aceleró, ‘Me corro…’, sacó y leche caliente en mi espalda, chorros largos, pegajosos.

Respirando agitados, limpiamos rápido con kleenex. Semen aún goteando por mi muslo bajo el vestido. ‘Gracias, guapo’, besé su mejilla arrugada. Él sonrió, salió primero. Yo esperé, corazón a mil, sintiendo el calor dentro. Salí, piernas flojas, fui a caja. La cajera sonrió, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, dije ruborizada, semen secándose bajo la falda. Afuera, el ruso guiñó ojo y se fue. Caminé a casa, coño palpitando, excitada por el secreto. Mañana vuelvo, ¿y si repito?

Leave a Comment