¡Ay, madre mía, si lo cierro los ojos lo revivo todo! Ayer, como a las seis, el centro comercial petado de gente. Entré en esa tienda de lencería, olía a tela nueva, ese aroma fresco que me calienta ya. Cogí un tanga rojo diminuto, un sujetador push-up negro que me hace tetas de infarto, y un body transparente. Mi novio, Pablo, estaba por ahí fingiendo mirar camisetas. Le guiñé el ojo: ‘Ven a darme tu opinión en el probador, guapo’. Se mordió el labio, ya sabía lo que iba a pasar.
La cabina era grande, espejo al frente y laterales, banquito de madera fría. Metí las perchas, ¡cling cling!, el ruido metálico. Cerré el cortinón, ¡ras!, las anillas chirriaron. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’, risas, pasos. Mi pulso a mil. Me quité la camiseta, el sujetador, mis pezones duros por el aire acondicionado. Pablo se coló rápido, su cuerpo pegado al mío. ‘Shhh, no armes jaleo’, le susurré, pero ya me besaba el cuello, manos bajando mis vaqueros. La tela del tanga nuevo rozándome el coño, suave, excitante.
Entrando en la cabina: la tensión sube
Me giré, lo miré en el espejo: yo arqueada, él con la polla ya dura marcando los pantalones. ‘Estás chorreando’, murmuró, dedo metido en mi raja húmeda. Gemí bajito: ‘Mmmh… sí, fóllame ya’. Le bajé la cremallera, saqué esa verga gorda, venosa. De rodillas, la lamí desde la base, sabor salado de sudor del día. Chupé la cabeza, succionando, él tapándome la boca: ‘Calla, coño, que nos oyen’. Afuera, una voz: ‘¿Necesitas ayuda?’. ‘No, todo bien’, respondí yo, voz temblorosa, con la polla hasta la garganta.
El clímax en silencio y la salida ardiente
Me puso de cara al espejo, tetas aplastadas contra el cristal frío, pezones erectos. Escupió en mi coño, embestida de golpe: ¡zas! Su polla llenándome entera. ‘Joder, qué prieta’, gruñó. Embestidas lentas, profundas, plaf plaf suave contra mi culo. Sudor goteando, aliento caliente en mi oreja. ‘Más fuerte… pero no grites’, jadeé. Me folló vaginal como un animal, mis jugos chorreando por las piernas. Luego, sacó, saliva en mi ano: ‘Quiero tu culo, nena’. Dudé un segundo: ‘Vale… despacio’. Apuntó, empujó la cabeza. ‘¡Ayy! Duele… pero sigue’. Entró centímetro a centímetro, el espejo mostrando todo: su polla desapareciendo en mi ojete apretado. ‘¡Qué coño tan rico!’, siseó. Follada anal brutal, controlada, yo mordiéndome el labio hasta sangrar, gemidos ahogados: ‘¡Hmmph! ¡Fóllame el culo, joder!’. Él aceleró, manos en mis caderas, piel contra piel sudada. Vi en el espejo mis tetas botando, su cara de placer. ‘Me corro… dentro’, avisó. ‘Sí, lléname el culo de leche’. Explosión, caliente dentro, yo temblando en un orgasmo silencioso, coño palpitando sin tocar.
Jadeando, limpiamos con kleenex del bolso, semen goteando aún por mi muslo. Nos vestimos a prisa, ropa arrugada, olor a sexo impregnado. Abrí el cortinón, cara roja, pelo revuelto. La dependienta nos miró sonriendo pícara: ‘¿Todo ok? ¿Se queda algo?’. ‘Sí, el tanga… y el body’, dije tartamudeando, Pablo pagando con manos temblorosas. Afuera, volvimos al bullicio, mi culo ardiendo, semen resbalando bajo la falda. Secretazo quemándonos, excitados de nuevo. ¡Dios, quiero repetir!