Estaba en esa tienda de lencería, oliendo a tela nueva y perfume barato. Tenía 38 años, cuerpo curvilíneo, tetas grandes que rebotan al caminar. Vi un tanga rojo diminuto, encaje que raspa un poco la piel, y un sujetador push-up negro. ‘¿Me ayudas?’, le dije al vendedor, un moreno de unos 30, musculoso, con sonrisa pícara. ‘Claro, guapa’, respondió, ojos clavados en mi escote.
Cogí tres prendas más: un body transparente, medias de red. ‘Vamos a la cabina’, murmuré, rozándole el brazo. Él tragó saliva. Entramos juntas, el rideau se cierra con un roce suave, ‘shhh’. Afuera, voces de clientas charlando, tintineo de perchas. El espejo grande enfría mi espalda cuando me apoyo. ‘Pruébate esto’, dice él, voz ronca, pasándome el tanga. Me quito la falda despacio, braga moja ya. Siento su mirada quemándome el culo.
Elegir la ropa y entrar en la cabina
‘¿Qué tal?’, pregunto girándome, tetas casi fuera del top. Se acerca, ‘Joder, estás para follar’. Sus manos en mis caderas, textura áspera de sus palmas. El corazón me late fuerte, ‘Cuidado, nos oyen’. Rideau fino, pasos afuera. Me besa el cuello, mordisquea. ‘Quiero verte con esto puesto’, susurra, pero ya me está bajando las bragas. Huelo su colonia mezclada con mi excitación.
Sus dedos rozan mi coño, ‘Estás empapada, puta’. Gimo bajito, tapándome la boca. El espejo multiplica todo: mi cara roja, sus ojos hambrientos. Le bajo la cremallera, polla dura salta fuera, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué rica’, digo lamiéndome los labios. Me arrodillo en el suelo frío, perchas balanceándose suaves. Afuera, ‘¿Dónde está el probador libre?’. Chupo su polla despacio, lengua en el glande, saliva chorreando. Él agarra mi pelo, ‘Joder, qué boca’. No puedo hacer ruido, succiono fuerte, garganta profunda.
El polvo brutal y la salida con el secreto
Me pone de pie, contra el espejo. Frio en tetas, pezones duros. ‘Abre las piernas’, ordena. Me come el coño, lengua clavada, chupando clítoris. ‘Ahh…’, muerdo mi labio hasta sangrar casi. Piernas tiemblan, jugos por sus barbilla. ‘Fóllame ya’, suplico bajito. Me gira, culo al aire, tanga a un lado. Polla roza mi entrada, resbaladiza. ‘Toma, zorra’, empuja todo de golpe. Duele y placer, coño lleno. Bombeamos duro, piel contra piel, ‘plaf plaf’ amortiguado.
Sus manos aprietan mis tetas, pellizca pezones. ‘Cállate o nos pillan’, gruñe en mi oreja. Acelera, polla hinchada, me folla como animal. Siento corrida venir, coño contrae. ‘Me corro…’, susurro. Él sale, leche caliente en mi culo, chorros pegajosos bajando muslos. Jadeamos, sudor frío. Limpio rápido con kleenex, olor a sexo impregnado.
‘Vístete’, dice riendo bajito. Salgo primero, falda arrugada, bragas sin poner, semen secando. Pago las prendas, ‘Gracias por la ayuda’, guiño. Él asiente, ‘Vuelve cuando quieras’. Afuera, clientas miran raro, yo con sonrisa secreta, coño palpitando aún. Caminé a casa, cada paso recordándome su polla dentro, frisson total.