Ay, chicas… aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fui con Leo, mi novio alto y musculoso, a Zara el sábado. Elegí un vestido ceñido rojo, unas bragas de encaje y un top escotado. ‘Pruébatelo todo’, me dijo él con esa mirada pícara. El corazón me latía fuerte mientras colgaba las perchas en la cabina grande. El ruido de las cintres tintineando, ese clic metálico… uf. La tela nueva olía a limpio, suave como una caricia.
Entramos juntos, yo delante, él detrás. ‘¿Seguro que no nos pillan?’, susurré cerrando el rideau. Se corrió con un siseo, pero se quedó entreabierto un pelín, el aire del pasillo entraba fresco. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’, risitas. Leo me abrazó por detrás, sus manos grandes en mi cintura. ‘Shh, nena, solo mira el espejo’, murmuró. Nuestros reflejos multiplicados por todos lados, yo pequeñita contra su cuerpo enorme. Empecé a quitarme la camiseta, él ya jadeaba. Sus dedos bajaron mi sujetador, pellizcando pezones duros. ‘Joder, estás empapada’, dijo tocándome el coño por encima del pantalón. Yo gemí bajito, mordiéndome el labio. El espejo frío contra mi espalda cuando me giré, sus labios en mi cuello… la polla ya la notaba tiesa contra mi culo.
Entrando en la cabina: la tensión sube
No aguantamos. Me bajó los pantalones de un tirón, la braga hecha un hilo. ‘Mira cómo brilla tu coño’, gruñó abriéndome las piernas. Me senté en el banquito, él sacó la polla gruesa, venosa, goteando pre-semen. La chupé rápido, lengua alrededor del glande, tragando hasta la garganta. ‘Cuidado con el ruido’, siseé entre lamidas. Él me levantó como una pluma, contra el espejo. Mis tetas aplastadas en el cristal helado, pezones raspando. ‘Fóllame ya, por Dios’, supliqué. Entró de golpe, el coño chorreando, chapoteo húmedo. ‘¡Ah! Despacio…’, pero empujaba más hondo, bolas golpeando mi culo. Ritmo brutal, yo tapándome la boca para no gritar. ‘Tu coño me aprieta como puta’, jadeaba él. Cambiamos, yo de espaldas, manos en el espejo, él embistiendo salvaje. Polla entrando y saliendo, clítoris frotando su pubis. Orgasmo me vino como tsunami, piernas temblando, coño contrayéndose ordeñándolo. Él se corrió dentro, leche caliente llenándome, goteando por muslos.
‘Joder… increíble’, susurró besándome. Nos vestimos a prisa, yo con el vestido nuevo, semen resbalando aún, braga mojada pegada. Rideau abierto, salimos sonriendo inocentes. La dependienta: ‘¿Qué tal todo?’. ‘Perfecto, me lo llevo’, dije con voz temblorosa, piernas flojas. En caja, Leo pagando, yo sintiendo el calor entre piernas, miradas de clientas curiosas. ‘¿Estás bien? Te has puesto roja’, dijo una. ‘Sí… calor’, mentí riendo. Secretito nuestro, coño palpitando bajo la falda. Aún huelo su semen mezclado con mi jugo. ¿Repetimos pronto?