Ay, chicas, acabo de vivirlo y aún me tiemblan las piernas. Fui con Lola, mi mejor amiga… bueno, algo más que amiga, a una tienda de ropa en el centro. Ella, con esa sonrisa pícara, me dijo: ‘Vamos a probarnos algo sexy, ¿eh?’. Elegimos unos vestidos ajustados, lencería roja que crujía al tacto, nueva, suave como seda contra la piel. Telas frescas, con ese olor a tienda, limpio y tentador. Cogí tres prendas, ella cuatro. Las clientas charlaban fuera, risas, pasos en el suelo de madera.
Nos miramos, eh… ¿juntas en la cabina? ‘Sí, amor, para ayudarnos’, susurró ella. Entramos. El espacio chiquito, espejo enorme por todos lados, frío al tocarlo con la espalda. Cerré el rideau, ese roce metálico, cling, y ya. Silencio pesado. Sus ojos en los míos por el reflejo. ‘Quítate la blusa’, dice bajito. Yo, nerviosa, risita ahogada. ‘Shh, que nos oyen’. Desabrocho botones, lento, su aliento en mi cuello. Manos suyas en mi sujetador, textura áspera de encaje viejo contra su piel caliente. Fuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’. Corazón a mil.
Elegimos la ropa y entramos: la tensión sexual sube
La tensión… uf, insoportable. Ella se pega, tetas contra mi espalda, espejo mostrando todo. ‘Mírate, qué puta guapa’, murmura. Yo gimo suave, coño ya húmedo, notando su mano bajar por mi vientre. Cintres tintinean al colgar la ropa, ruido que tapa mis jadeos. Pyjama no, ropa de calle tirada en el banquito, arrugada. Su dedo roza mi braga, empapada. ‘Estás chorreando’, ríe bajito. Yo: ‘Cállate y fóllame ya’. Espejos multiplican su culo redondo mientras se quita el pantalón, piel erizada por el aire conditioning.
No aguantamos. La giro, beso feroz, lenguas enredadas, sabor a menta de su chicle. Mano en su coño, pelito suave, labios hinchados, jugos calientes en mis dedos. ‘Métemelos’, suplica, mordiendo mi labio. Dos dedos dentro, chap-chap suave, ella arquea espalda contra espejo frío. ‘¡Ay, joder!’. Shh, digo, tapándole boca. Fuera, dependienta: ‘¿Necesitáis ayuda?’. ‘No, todo bien’, grazno yo, voz temblorosa. Mientras, mi lengua en su teta, pezón duro como piedra, lo chupo fuerte, ella retuerce caderas.
El sexo brutal en silencio y la salida con el secreto
La bajo al suelo, banquito duro contra su culo. Piernas abiertas, coño rosado brillando en los espejos, cuatro ángulos de su puta cara de placer. Me arrodillo, olor almizclado me marea, lamo clítoris hinchado, redondo, salado. ‘¡Dios, sí, chúpame el chochito!’. Lengua dentro, follando su agujero chorreante, ella agarra mi pelo, empuja contra mi boca. Dedos en su culo, apretado, mientras sorbo su crema. Orgasmo la sacude, muerde su puño para no gritar, cuerpo convulso, jugos en mi barbilla. ‘Córrete tú ahora’, jadea.
Me pone de pie, espejo empañado por nuestro sudor. Bragas abajo, coño expuesto, ella de rodillas. ‘Qué coñazo tan rico, peludito justo’. Dedos tres adentro, me folla brutal, pulgar en clítoris frotando círculos. ‘¡Fóllame más fuerte!’, susurro. Lengua en mi ano, lamida húmeda, prohibida. Piernas flaquean, espejo frío en mi mano. Vienen voces cerca, clientas pasando. Me corro brutal, squirteo leve en su mano, ahogo gemido en su pelo. ‘Te quiero, puta’, dice ella, besándome.
Sudadas, temblando. Vestirnos rápido, telas pegajosas en piel mojada. Cintres de nuevo, cling. Salimos, caras rojas, pelo revuelto. ‘¿Qué tal?’, pregunta dependienta sonriendo. ‘Perfecto, nos lo llevamos todo’, digo, voz ronca, coño palpitando aún bajo la falda. Pagamos, bolsas en mano, secretito quemando. Fuera, Lola me guiña: ‘Otra vez cuando quieras’. Uf, el riesgo, los espejos viéndolo todo… inolvidable.