Follada brutal en el probador: mi secreto más caliente

¡Ay, madre mía, aún tengo la piel erizada! Fue el viernes pasado, en pleno centro comercial, Zara a reventar de gente. Yo, con ganas de comprarme algo sexy para ligar este finde. Elegí un vestido negro ceñido, súper escotado, y unas braguitas de encaje que olían a nuevo, ese olor fresco que te pone cachonda. Tintineo de perchas al revolver todo, voces de clientas fuera charlando de tallas. Vi a un tío buenísimo, alto, con barba de tres días, ojos oscuros que me taladraban. Estaba cerca, fingiendo mirar camisas. ‘¿Te ayudo con eso?’, me dijo con voz grave, sonrisa pícara. Le seguí el rollo: ‘Ven, mira si me queda bien’. Entramos en la cabina grande, la del espejo por todos lados. Corro el rideau, ras ras del tejido, y shhh, nos miramos. Cierro mal, se ve una rendija. Me quito la camiseta, piel de gallina por el aire frío del espejo contra mi espalda. Él se pega, manos en mi cintura. ‘Qué curvas’, susurra. Siento su aliento caliente en el cuello, su paquete duro contra mi culo. Yo, ya mojada, textura suave del vestido nuevo rozando mis pezones. Fuera, una voz: ‘¿Cariño, ya has elegido?’. Tensión a tope, corazonada a mil.

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