Follada Salvaje en la Cabina de Prueba con Mi Nuevo Amante

¡Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó el otro día! Soy Verónica, una tía de cuarenta y pico que ha vivido de todo, pero ahora estoy viviendo una segunda juventud con mi nuevo chulo. Ese hombre que conocí en un sitio de ligoteo, el que me hace sentir viva de nuevo. Fuimos a una tienda grande, de esas con probadores amplios, llenos de espejos. Elegí un vestido ajustado, rojo fuego, que me marca las tetas y el culo. Él, unos vaqueros que le quedan de muerte. ‘¿Entramos juntos?’, me susurra al oído, con esa voz ronca que me pone cardiaca.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Las manos me temblaban colgando la ropa en la barra. El tintineo de las perchas metálicas resonaba, y fuera, voces de clientas charlando, pasos en el pasillo. Cerré el cortinón rojo, ese fino velo que separa el mundo del pecado. El espejo enfrente nos devolvía cuatro imágenes: yo, nerviosa, mordiéndome el labio; él, ya con los ojos encendidos. ‘Shhh, no hagas ruido’, me dice, pero su mano ya sube por mi muslo, bajo la falda. Siento el frío del espejo en la espalda cuando me apoya. La tela nueva del vestido cruje suave contra mi piel, oliendo a limpio, a recién planchado. Mi coño ya palpita, húmedo, y él lo nota. ‘Estás empapada, puta’, murmura, besándome el cuello. El corazón me late fuerte, oímos a una dependienta: ‘¿Todo bien ahí?’.

La Elección de la Ropa y la Entrada en la Cabina

No aguantamos más. Me quito el vestido rápido, quedo en bragas y sujetador. Él se baja los pantalones, y ¡joder!, su polla salta dura, gruesa, venosa, reflejada por todos lados en los espejos. Me arrodillo en el suelo frío, las baldosas duras contra las rodillas. La agarro, la chupo despacio al principio, lengua alrededor del glande, saboreando el precum salado. ‘¡Cuidado con el ruido!’, gime bajito, mano en mi pelo. Chupo más hondo, garganta apretada, saliva chorreando. Afuera, risas de niños, pasos cercanos. Me levanto, me gira contra el espejo. Mi cara pegada al cristal helado, tetas aplastadas, pezones duros. Él me arranca las bragas, dedo en mi coño chorreante: ‘Estás lista para que te folle’. Empuja, entra de golpe, polla llenándome hasta el fondo. ¡Dios, qué estirón!

El Acto Brutal y Silencioso Detrás del Cortinón

Folla duro, embestidas rápidas, piel contra piel en slap slap ahogado. Yo muerdo mi labio hasta sangrar para no gritar. ‘¡Más, joder, pero calladita!’, jadea él. Me agarra las caderas, me dobla, polla golpeando mi punto G. Veo todo en el espejo: mi coño tragándosela, jugos bajando por mis muslos, su cara de animal. Cambio de posición, yo de espaldas sentada en el banquito, piernas abiertas. Él de pie, follándome profundo, bolas chocando mi culo. ‘Me vengo, Verónica’, gruñe. ‘Dentro, lléname’, susurro. Se corre, chorros calientes inundándome, yo exploto temblando, coño contrayéndose, orgasmos múltiples. Sudor, olor a sexo fuerte, perchas balanceándose.

Nos vestimos a prisa, yo con el coño goteando su leche, sin bragas. Salimos, caras rojas, pelo revuelto. La dependienta nos mira raro: ‘¿Qué tal la ropa?’. ‘Perfecta’, digo con voz entrecortada, comprando el vestido. Fuera, en el coche, nos reímos nerviosos. Ese secreto quemándome bajo la falda, lista para más. ¡Qué subidón, el riesgo de ser pillados!

Leave a Comment