Estaba en esa tienda de ropa, una tarde calurosa. Mi amiga Laura y yo, curioseando entre vestidos ajustados. ‘Pruébate este, te va a quedar de puta madre’, me dice ella, con esa sonrisa pícara. Elegimos unos cuantos: un negro ceñido, uno rojo fuego. El vendedor, un tipo moreno, musculoso, con ojos que te desnudan, nos ayuda. ‘¿Necesitan la cabina grande? Hay espejos por todos lados’, dice con voz grave. Nos miramos, excitadas ya. Entramos las dos, riendo bajito. Él cierra el rideau, pero se queda dentro, ‘para ayudar con las cremalleras’. El corazón me late fuerte. Huele a tela nueva, crujiente. Cierro el rideau, clic del metal. Afuera, voces de clientes, pasos. El espejo enfrente, frío si lo tocas.
Laura se quita la blusa primero, tetas al aire, pezones duros. Yo la miro, ella a mí. El vendedor traga saliva. ‘Ehh… ¿seguro que queréis ayuda?’, balbucea. ‘Sí, ven’, le digo yo, voz ronca. Me bajo los pantalones, culotte húmeda ya. Él se acerca, manos en mi cintura. ‘Joder, qué culos’, murmura. Laura se pega a él por detrás, frotando. Yo le bajo la bragueta, polla saltando fuera, gorda, venosa. ‘Shhh, no hagáis ruido’, susurro, pero ya gimo bajito. Afuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador?’. El rideau tiembla un poco. Me pongo de rodillas, chupo esa verga, saliva chorreando. Laura le besa el cuello, tetas contra su espalda. Él me agarra el pelo, folla mi boca suave, sin empujones fuertes.
Elige la ropa y entra: la tensión explota
No aguanto más. Me levanto, me apoyo en el espejo, frío en las palmas, reflejo nuestro: yo abierta, coño chorreando. ‘Fóllame ya’, le ruego bajito. Él empuja, glande abriendo mi raja, ‘¡joder, qué prieta!’. Entra despacio, pero profundo, ahogando gemidos. Laura se arrodilla debajo, lame mis huevos, su lengua en mi clítoris rozando la polla que me taladra. ‘Aaaah… sí…’, susurro, mordiéndome el labio. Él bombea, plac-plac húmedo, cintres tintineando colgados. Espejos multiplican: veo su culo contraído, mi cara de puta, Laura lamiendo. Cambio: Laura a cuatro patas, yo bajo su falda, culotte a un lado, chupo su coño empapado mientras él la empala. ‘¡Cuidado, grita poco!’, dice ella, pero gime ‘¡fóllame más duro!’. Yo meto dedos en su culo, él en mi boca. Sudor goteando, tela nueva pegada a piel. Afuera, risas, ‘¿están bien ahí dentro?’. El vértigo nos come. Él acelera en Laura, ‘me corro…’, saca y eyacula en mi lengua, leche caliente salpicando tetas de ella. Yo exploto frotándome, chorro en el suelo.
Jadeamos, vestidos tirados. Nos limpiamos con kleenex, risitas nerviosas. ‘Ha sido… brutal’, dice él, polla chupada brillando. Nos vestimos rápido, cremalleras chirriando. Salimos, caras rojas, piernas temblando. ‘¿Todo bien?’, pregunta una clienta. ‘Sí, perfecto’, digo yo, coño palpitando, semen resbalando muslo. En caja, compramos los vestidos, él guiña ojo: ‘Volved cuando queráis’. Secretos bajo la ropa, excitadas caminando al coche, pensando en repetir. Aún siento el frío del espejo en las tetas.