Estaba en esa tienda enorme de ropa, un sábado de invierno en Madrid. Hacía frío fuera, pero dentro el aire estaba cargado de ese olor a tela nueva, a perfume barato. Miraba vestidos, faldas cortas que me ponían cachonda solo de imaginarme con ellas. De repente, lo vi. Un tío de unos cincuenta, moreno, con esa pinta de hombre normal pero con ojos que te desnudan. Nuestras miradas se cruzaron tres veces entre los percheros. Sonrisas rápidas, un roce accidental al pasar. Mi corazón empezó a latir fuerte. ¿Sería? Él también buscaba, pero me seguía con la vista.
Agarré un par de blusas y una falda ajustada. ‘Voy a probármelas’, le dije bajito, pasando cerca. Él sonrió, cogió una camisa y dijo: ‘Yo también, ¿grande esta cabina?’. Nos miramos. Entramos juntos en la más apartada, al fondo. El rideau se cerró con un siseo. El espacio era estrecho, espejos por todos lados. Oía voces de clientas fuera, tintineo de cintres. Mi piel se erizó. Él respiraba cerca, su aliento caliente en mi cuello. ‘Qué guapa eres’, murmuró, rozando mi cintura. Yo me quité la chaqueta, el jersey. La blusa nueva era suave, sedosa contra mis pezones duros. Él se acercó más, su cuerpo contra el mío en el espejo. Vi su paquete creciendo en los pantalones. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurré, pero ya metía la mano ahí, apretando esa polla que se ponía tiesa.
El flirteo y la entrada en la cabina
No aguantamos. Me bajó la falda de un tirón, mis bragas al suelo. Frío del espejo en mi espalda desnuda cuando me apoyé. Él se desabrochó, sacó esa verga gruesa, venosa, ya goteando. ‘Joder, qué rica’, gruñó bajito. Yo me mordí el labio, agachándome un poco. La mamé rápido, chupando el capullo salado, lengua alrededor. Él jadeaba, mano en mi pelo, pero controlado: ‘Cuidado, nos oyen’. Afuera, una voz: ‘¿Te queda bien esa?’. Yo gemí suave, tragándomela hasta la garganta. Textura dura, pulsando. Me levantó, me giró contra el espejo. Vi mi coño mojado reflejado, hinchado. Escupió en la mano, me untó. ‘Te voy a follar aquí mismo’, susurró ronco.
El polvo brutal y la salida con el secreto
Entró de golpe, polla dura rompiendo mi chocho. ‘Ahh…’, ahogué el grito contra su mano. Follaba fuerte pero silencioso, embistes cortos, profundos. Pla pla contra mi culo, pero amortiguado por la falda en el suelo. Espejos everywhere: veía su cara tensa, mi teta rebotando, su polla entrando y saliendo, brillando de mis jugos. ‘Qué apretada, puta’, masculló en mi oreja. Yo empujaba hacia atrás, clítoris frotando el borde del espejo frío. Sudor goteando, olor a sexo mezclado con tela nueva. Oía pasos fuera, risas. El riesgo me ponía loca, coño chorreando. ‘Córrete dentro, pero calla’, le rogué. Él aceleró, gruñendo en mi cuello. Sentí su leche caliente llenándome, espasmos. Yo exploté, mordiéndome el puño, piernas temblando.
Se retiró despacio, semen bajando por mi muslo. Nos vestimos rápido, jadeantes. Limpié con la blusa nueva, riendo nerviosa. ‘Cómprala’, dijo él, guiñando. Salimos, rideau abierto casual. Cara de póker, pero mi coño palpitaba aún, lleno de su corrida. En caja, pagué la falda manchada. Él compró su camisa, nos miramos una última vez. ‘Hasta otra’, murmuró. Salí a la calle, viento frío en las piernas, secreto ardiendo bajo la ropa. Cada paso, sentía su semen moviéndose dentro. Pura adrenalina.