¡Ay, Dios! Acabábamos de llegar del campo, con la casa nueva llena de amigos. Mi marido, yo, y ellos: Carlos y su mujer Laura. El aperitivo había sido eterno, vino a raudales, risas… Fin de junio, calor pegajoso. Todos relajados, yo con un vestidito ligero que se transparentaba un poco, marcando tetas y culo. Carlos no paraba de mirarme, el cabrón, siempre dragueando. Mi marido lo sabía, nos swingamos de vez en cuando, sin dramas.
De repente, ‘¡Vamos de compras!’, digo yo. La tienda cerca, en la ciudad. Entro, cojo varios modelitos sexys: un tanga rojo, un body ceñido, faldas cortas. ‘Carlos, ayúdame a elegir’, le suelto con guiño. Mi marido y Laura distraídos en otro pasillo. Él asiente, sonrisa pícara. Cierro el probador, rideau fino que cruje al correrse. Clinc, clinc de las perchas. Huelo la tela nueva, suave, crujiente. ‘Pásame el tanga’, le digo bajito. Se acerca, su aliento en mi cuello. El espejo enfrente, triple, nos multiplica. Fuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’. Corazón latiendo fuerte.
La elección de la ropa y la tensión en la cabina
Me quito el vestido, quedo en bragas. Él entra de un tirón, ‘Shh, no hagas ruido’. Sus manos en mi cintura, piel erizada. ‘Joder, estás buenísima’, murmura. Yo río suave, ‘Tú también, cabrón’. Le toco la polla por encima del pantalón, ya dura como piedra. El espejo frío contra mi espalda, tetas subiendo y bajando. Fuera, pasos, risas. La tensión… uf, me moja el coño al instante. Nos besamos, lenguas enredadas, saliva. Sus dedos bajan mi braga, rozan mi raja húmeda. ‘Estás empapada’, dice. ‘Cállate y fóllame’, respondo, voz temblorosa.
Le bajo el zipper, plof, la polla salta fuera, gorda, venosa. La agarro, masturbo rápida. Él gime bajito, ‘Joder…’. Me gira, contra el espejo. Frio en pezones duros. Me abre las piernas, mete dos dedos en mi coño, chapoteo suave. ‘Quieta, que nos oyen’. Yo muerdo labio, miro nuestros reflejos: yo arqueada, él detrás, polla rozando mi culo. ‘Métemela ya’, susurro. Empuja, despacio, la cabeza entra, estira mi chochito. ‘¡Ah…!’, ahogo gemido con mano. Entra toda, llena. Empieza a bombear, lento al principio, clac-clac contra carne.
El polvo brutal y la salida con el secreto
Acelera, brutal. Polla entrando y saliendo, mi jugo chorreando por muslos. Tetetazos contra espejo, frío en piel caliente. ‘Más fuerte, pero shh…’, jadeo. Él tapa mi boca, folla como animal. Siento su huevos golpeando mi clítoris, orgasmo subiendo. Fuera, ‘¿Necesitas ayuda?’. ‘No, gracias’, digo yo, voz entrecortada, él sin parar. Me corro, coño apretando su verga, piernas temblando. ‘Me vengo…’, gruñe él. Saco su polla, chorro caliente en mi culo, gotea. Semen tibio bajando piernas. Respiramos agitados, risas nerviosas.
Limpio rápido con kleenex, tela nueva oliendo a sexo. Me visto, tanga roja puesto, semen seco en piel. Él sale primero, ‘Te espero fuera’. Yo miro espejo: mejillas rojas, labios hinchados, sonrisa culpable. Abro rideau, aire fresco del local. Mi marido: ‘¿Qué tal?’. ‘Perfecto, me lo llevo’. Pago, piernas flojas, coño palpitando aún. Secretito ardiente bajo ropa, excitada todo el camino de vuelta. ¡Qué subidón, el riesgo de ser pillados!