Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó ayer en esa tienda del centro. Llevaba unas semanas tonteando con Javier, mi nuevo amante. Treinta y pico, moreno, con esa sonrisa que me moja al instante. Fuimos a comprar ropa sexy, ¿sabéis? Robes ajustadas, tangas de encaje. El corazón me latía fuerte mientras rebuscaba entre perchas. El tintineo de las cintres, el roce del tejido nuevo contra mi piel… olía a limpio, a deseo fresco.
Cogí tres robes: uno negro ceñido, otro rojo fuego. ‘Pruébatelos’, me dijo él, guiñando un ojo. La dependienta nos miró sonriendo, ajena a todo. ‘La cabina del fondo está libre’, soltó. Entramos juntos, claro. Era amplia, con tres espejos enormes que multiplicaban todo a infinito. Javier detrás de mí, cerrando el cortina con un siseo suave. Chac. Ya estaba. Afuera, voces de clientes, risas, pasos. El aire olía a su colonia, mezclado con mi perfume dulce.
Elegiendo la ropa y entrando: la tensión explota al cerrar el cortina
Me quité la blusa despacio, sintiendo sus ojos clavados. ‘Joder, qué tetas’, murmuró bajito. Sus manos ya en mi espalda, bajando la cremallera. El espejo frío contra mis pezones duros. Me giré, besos urgentes. Su lengua en mi boca, salada. Oí un niño llorando afuera, y eso me puso más cachonda. ‘Shh, no hagas ruido’, susurré, pero yo ya gemía suave. Sus dedos en mi falda, subiendo. La tela nueva crujía. Mi coño palpitaba, húmedo ya.
No aguantamos. Phase dos, puro fuego. Me empotró contra el espejo. Frío en la espalda, su polla dura presionando mi culo a través del pantalón. ‘Quítatelo’, le rogué. Bajó la bragueta con prisa, zip rasposo. Su verga saltó, gruesa, venosa, goteando pre-semen. La agarré, masturbándola lento. ‘Joder, qué dura’, dije. Él me arrancó las bragas, dedo en mi clítoris, frotando fuerte. ‘Estás empapada, puta’, gruñó al oído.
El sexo crudo e intenso: polla dentro, gemidos ahogados y espejos infinitos
Me penetró de golpe. Ay, Dios. Su polla abriéndose paso en mi coño chorreante. Entrada y salida, brutal. Plaf, plaf suave contra la carne. Mordí mi labio para no gritar. Espejos everywhere: veía su culo bombeando, mis tetas rebotando, su cara de placer multiplicada. ‘Más fuerte, pero calladitos’, jadeé. Él tapó mi boca con la mano, follándome como animal. Sentía sus huevos golpeando mi culo, mi jugo bajando por las piernas. Afuera, una voz: ‘¿Todo bien ahí?’ La dependienta. Nos paramos, polla dentro quieta, palpitando. ‘Sí, perfecto’, respondí temblando.
Reanudamos. Cambiamos: yo contra el espejo de frente, pierna arriba. Su polla entró profunda, rozando el punto G. ‘Me corro, joder’, susurró. Yo también, coño contrayéndose alrededor de su tronco. Gemí en su cuello, orgasmos mudos pero intensos. Chorros calientes dentro, semen goteando. Sudor por todos lados, respiraciones agitadas. Besos post-coito, rápidos.
Phase tres: salida. Me vestí temblando, semen resbalando en mis muslos bajo la falda. Olía a sexo, pero disimulamos. ‘Me llevo este’, dije a la caja, voz ronca. Javier pagó, sonriendo. Caminamos por el magasin, piernas flojas, secreto ardiendo. Voces alrededor, miradas inocentes. En la calle, risa nerviosa. ‘Repetimos pronto’, me dijo. Ay, el frisson de lo público… adictivo. No pararé de masturbarme recordándolo.