Follada salvaje en el probador: mi secreto ardiente con mi novio

¡Ay, Dios! Acabábamos de llegar a esa tienda enorme en el centro de Madrid. Mi novio, Pablo, y yo veníamos de un día de compras locas. ‘Mira esa falda’, me dijo, guiñándome el ojo. Era roja, cortísima, de cuero sintético que olía a nuevo. La cogí, junto con un top ajustado negro. ‘Vamos a probárnosla’, le susurré, tirando de su mano. El corazón ya me latía fuerte. Elegimos la cabina del fondo, grande, con tres espejos que multiplicaban todo.

Entramos apretados. El ruido de las perchas tintineando al colgar la ropa. ‘Cierra bien el cortinón’, le pedí, voz baja. Se cerró con ese roce áspero. Afuera, voces de clientas charlando, pasos en el suelo de mármol. Me quité la blusa rápido, el aire fresco erizando mi piel. Pablo me miró en el espejo, sus ojos hambrientos. ‘Estás tan buena’, murmuró, acercándose. Sus manos en mi cintura, bajando la cremallera de mi pantalón. Yo ya sentía mi coño húmedo, palpitando. El espejo frío contra mi espalda cuando me apoyé. ‘Shh, nos oirán’, dije, pero le besé el cuello, mordiendo suave.

La tensión sube al cerrar el cortinón

La tensión explotó. Me puse la falda, pero él ya tenía la polla dura fuera del pantalón. Gruesa, venosa, apuntando a mí. ‘No puedo esperar’, gruñó. Me giré, falda subida, tanga aparte. Sus dedos abrieron mi coño, resbaladizo de jugos. ‘Estás chorreando’, dijo, metiendo dos de golpe. Gemí bajito, tapándome la boca. El espejo mostraba todo: mi cara roja, sus dedos entrando y saliendo, chapoteo húmedo. ‘Fóllame ya’, susurré, arqueando la espalda. Él empujó, la polla abriéndome entera. ¡Joder! Llenándome hasta el fondo. Movimientos cortos, duros, para no golpear fuerte. Carne contra carne, suave slap-slap. Mis tetas rebotando en el espejo, pezones duros rozando el cristal helado.

El clímax brutal y el escape con el secreto

‘¡Quieta!’, jadeó cuando oímos pasos cerca. Paró un segundo, enterrado en mí, palpitando. Yo apretaba el coño alrededor de su verga, ordeñándolo. Reanudó, más salvaje. Mano en mi boca, follándome profundo. ‘Tu coño me aprieta tanto’, siseó. Yo me mordía el labio, orgasmos subiendo. Sus pelotas golpeando mi clítoris, hinchado y sensible. ‘Me corro’, avisó, tenso. ‘Dentro, lléname’, rogué. Eyaculó fuerte, chorros calientes inundándome. Yo exploté, piernas temblando, jugos mezclados goteando por mis muslos. Sudor, olor a sexo crudo llenando la cabina. Perchas balanceándose con nuestros empujones.

Respirando agitados, nos vestimos rápido. Yo con la falda nueva, semen resbalando dentro, calientito. ‘No se nota, ¿verdad?’, pregunté, sonriendo pícara. Él asintió, abrochándose. Abrí el cortinón, cara inocente. La dependienta nos miró: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfectas’, dije, voz ronca aún. Pagamos en caja, yo sintiendo su leche chorrear, el secreto quemándome bajo la ropa. Afuera, clientas pasando, ajenas. Caminamos, yo cojeando leve, excitada por el riesgo. ¡Qué subidón! Quiero repetir ya.

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