Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Llevaba semanas hablando por teléfono con él, esa voz grave que me ponía la coña empapada cada noche. ‘Ven al Zara del centro, elige unos vestidos sexys y entra en la cabina 7. Yo estaré dentro, sin vernos, solo tacto y susurros’, me dijo. Mi corazón latía como loco mientras empujaba la puerta del probador. Elegí un vestido rojo ceñido, unas bragas de encaje y un tanga diminuto. El olor a ropa nueva me mareaba, fresco y sintético. Clic, clic, las perchas chocaban en la barra. Oía voces de clientas fuera, risas, pasos. Nervios a flor de piel.
Empujo el rideau pesado, entro. Oscuridad casi total, solo un hilito de luz por abajo. ‘¿Eres tú?’, susurro. Su respiración pesada responde. Cierro el rideau con un siseo. El espacio es minúsculo, huelo su colonia varonil mezclada con mi perfume. ‘Shh, no hagas ruido’, murmura su voz, esa que me follaba al oído por las noches. Me pega a él, sus manos grandes me recorren la cara a ciegas. Dedos ásperos en mis labios, bajan al cuello. Yo tiemblo, el espejo frío me roza la espalda. ‘Quítate la ropa’, ordena bajito. Desabrocho el vestido, cae al suelo con un susurro suave. Textura sedosa contra mis muslos. Sus palmas calientes en mis tetas, pezones duros al instante. ‘Joder, qué tetas más ricas’, gime cerca de mi oreja. Fuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’ Mi coña palpita.
La elección de la ropa y el primer roce en la cabina
No aguanto más. Bajo la cremallera de sus pantalones, zas, su polla sale tiesa, gorda, caliente. La agarro, venosa, late en mi mano. ‘Chúpamela’, suplica ronco. Me arrodillo, suelo pegajoso, rodillas en la alfombra raída. Boca abierta, lengua en el capullo, salado. La engullo, fondo de garganta, glup glup ahogado. Él me agarra el pelo, folla mi boca despacio para no hacer ruido. ‘Para, métemela ya’, jadeo subiendo. Me pone de espaldas al espejo, frío en las nalgas. Levanta una pierna, frota la polla en mi raja húmeda. ‘Estás chorreando, puta’, dice. Empuja, ¡zas! Llena mi coño hasta el fondo. Gimo bajito, mordiéndome el labio. Ritmo brutal, plac, plac suave contra la carne. Miro el espejo empañado, su silueta borrosa follando mi reflejo. Tetazas rebotando, clítoris hinchado. Fuera, pasos cerca, ‘¿Necesitas otra talla?’. Él tapa mi boca, acelera. ‘Córrete, aprieta mi polla’. Explotamos mudos, mi coño ordeñándolo, leche caliente inunda dentro.
Sale primero, susurro ‘Vete ya’. Me visto a prisa, tanga empapada con su corrida goteando por los muslos. Rideau abierto, salgo fingiendo normalidad. Cara sonrojada, pelo revuelto. Voy a caja, vestido rojo en mano. ‘¿Todo bien?’, pregunta la cajera. ‘Sí… perfecto’, digo con voz temblorosa. Pago, siento el semen resbalando, coño palpitante. Salgo del probador con el secreto ardiendo bajo la falda, clientas ajenas mirándome. Nunca supe su cara, solo esa voz y su polla grabada en mí. ¿Repetimos?