Ay, chicas, acabo de salir de esa tienda y aún me tiemblan las piernas. Todo empezó con Carlos, ese moreno que conocí en el camping el año pasado. Sus ojos verdes me volvían loca, y sus miradas disimuladas a mis tetas y mi culo en short me ponían a mil. Nos prometimos vernos, y hoy, en la ciudad, me mandó un mensaje: ‘Ven a la tienda de ropa, te ayudo a elegir algo sexy’. Llegué, nos besamos como locos en la esquina, y entramos. Elegí un vestido ajustado, rojo fuego, y unos tangas de encaje. ‘Pruébatelo’, me dijo guiñando, mientras sus manos rozaban mi cintura.
Entramos juntos a la cabina grande, la más apartada. El rideau se cierra con ese ‘shhh’ suave, y el corazón me late fuerte. ‘Solo para ayudarte, ¿eh?’, susurra él, pero ya noto su paquete duro contra mi culo. Cuelgo el vestido, el ruido de las perchas tintineando, y el olor a ropa nueva me invade. Me quito la blusa despacio, mis tetas saltan libres, pezones duros por la excitación. Él traga saliva, me mira en el espejo. ‘Joder, estás buenísima’, murmura. Nuestras manos se rozan, la suya sube por mi muslo, bajo la falda. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’. Yo contengo la respiración, el espejo frío contra mi espalda cuando me apoyo. Su dedo roza mi tanga, ya empapada. ‘Estás chorreando, puta’, dice bajito, y yo gimo suave, mordiéndome el labio.
La tensión sube con el rideau cerrado
No aguanto más. Me giro, le bajo el pantalón de un tirón. Su polla salta, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpamela, pero calladita’, ordena. Me arrodillo en el suelo sucio de la cabina, el tacto áspero de la alfombra en mis rodillas. La meto en la boca, lengua alrededor del glande, chupando fuerte pero sin slurp ruidosos. Él agarra mi pelo, folla mi boca despacio. ‘Mmm, qué boca de zorra’, jadea. Afuera, pasos, una risa. El riesgo me calienta el coño, lo siento palpitar. Me levanto, me apoyo en el espejo, culo en pompa. ‘Fóllame ya, Carlos, pero no hagas ruido’. Él empuja, su polla entra de golpe en mi coño empapado. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe bajito. Empieza a bombear, lento al principio, el ‘ploc ploc’ húmedo de mi jugo contra sus huevos. Yo me tapo la boca, gimiendo en la mano: ‘Ay… sí… más hondo…’. El espejo vibra, veo mi cara de puta, tetas rebotando, su polla entrando y saliendo, brillando de mis fluidos.
El clímax brutal y la salida con el secreto
Acelera, me agarra las caderas, me da nalgadas suaves que resuenan poco. ‘Tu coño me aprieta, voy a correrme’, susurra. Yo revuelvo el clítoris con los dedos, el placer sube como lava. ‘Córrete dentro, lléname’, le ruego ahogada. Sus embestidas son brutales ahora, controladas para no golpear fuerte. Siento sus huevos tensos contra mi culo, y explota: chorros calientes inundando mi coño. Yo me corro a la vez, piernas temblando, un ‘¡Mmmph!’ ahogado mientras ondas me recorren. Su semen chorrea por mis muslos, caliente y pegajoso.
Nos recompone rápido. Me pongo el vestido, aún con el coño goteando su lefa, el tanga aparte. ‘Pareces una diosa’, dice besándome el cuello. Salimos, sonrisas inocentes. La dependienta: ‘¿Todo bien?’. ‘Perfecto, me lo llevo’, digo con la voz ronca. Pagamos, salimos al bullicio del centro comercial, su mano en mi culo disimuladamente. Ese secreto ardiente bajo la ropa, el olor a sexo en mi piel… Aún siento su polla dentro. ¿Repetimos pronto? Ay, qué vicio.