Follada brutal en la cabina de probadores con el vendedor guapo

Ay, chicas, os lo cuento fresquito, como si acabara de pasar. Septiembre, las seis de la tarde en Mulhouse, entro en esa tienda de ropa íntima, oliendo a nuevo, a tela fresca. Estaba de viaje por trabajo, caliente como siempre, buscando algo sexy para la noche. Elijo un conjunto de lencería roja, tanga diminuta, sujetador push-up, y un vestido ceñido que marca el culo. El vendedor… uf, un tío de unos cuarenta, moreno, con esa sonrisa pícara, pantalón ajustado que deja ver bulto. ‘¿Necesitas ayuda?’, me dice con acento francés suave. Le miro el paquete y susurro: ‘Sí, en la cabina’. Cojo las prendas, el corazón ya latiendo fuerte, cintres tintineando en mis manos.

Entro en la cabina, espejo grande enfrente, frío al tocarlo con la espalda. Él detrás, ‘para ayudarte con la cremallera’, dice. Cierro el rideau, ese ruido rasposo, y ya se oyen voces fuera, clientas charlando, pasos. Me quito la blusa rápido, piel erizándose con el aire acondicionado. Siento su mirada en mis tetas, pezones duros ya. ‘Pruébate esto’, me pasa el tanga, sus dedos rozan mi cadera. Me bajo las bragas, coño ya húmedo, olor a excitación flotando. Me pongo el tanga, se me mete entre los labios, y él se acerca, aliento caliente en mi cuello. ‘Te queda perfecto’, murmura, mano bajando por mi tripa. Tensión brutal, polla suya endureciéndose contra mi culo. Le miro en el espejo, ojos hambrientos. ‘Shhh, no hagamos ruido’, le digo, mordiéndome el labio. Fuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Nos reímos bajito, nervios y morbo puro.

La elección caliente y la entrada prohibida

No aguanto más. Me giro, le bajo la cremallera del pantalón, polla saltando fuera, gruesa, venosa, cabeza roja hinchada. ‘Joder, qué pedazo’, susurro, arrodillándome en el suelo duro. La chupo ansiosa, lengua lamiendo el prepucio, saliva chorreando. Él gime bajito, mano en mi pelo: ‘Cuidado, te oyen’. Afuera risas, pero yo trago más hondo, garganta apretando su verga hasta las huevos peludos. Me pone de pie, contra el espejo frío en la espalda, tetas aplastadas. Me arranca el tanga, dedos metiéndose en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, puta’. Dos dedos follándome, pulgar en el clítoris hinchado. Gimo ahogado: ‘Fóllame ya, pero calladito’. Levanta mi pierna, polla rozando mi raja mojada, entra de un golpe, coño tragándosela entera. ¡Ay, dios! Bombeando fuerte, piel contra piel chapoteando suave, espejos reflejando todo: mi cara de zorra, sus huevos golpeando mi culo.

Explosión de placer y salida con el secreto

Me come la boca para no gritar, lengua revuelta. Cambio, me pone de espaldas, levanto el vestido, culazo abierto al espejo. Me lame el ano, lengua caliente ahí, mientras masturba mi coño. ‘Entra por detrás’, le ruego. Preservativo puesto rápido, polla embistiendo mi chochito rasurado, mano tapándome la boca. Ritmo feroz, tetas botando, sudor goteando. Siento su dedo en mi culo, metiéndose, doble penetración ligera. ‘Me corro’, jadea él. Yo exploto primero, coño contrayéndose, jugos bajando por muslos. Él saca, me da la vuelta, leche caliente en mis tetas, chorros espesos. Limpio con la lengua, tragando restos, él besándome: ‘Eres una guarra’. Afuera, dependienta: ‘¿Todo bien ahí?’. ‘Sí, perfecto’, respondo yo, voz temblorosa.

Salimos, yo con el conjunto puesto debajo de mi ropa, coño palpitando, semen seco en la piel, bragas normales mojadas. Él cobra normalito, guiño: ‘Gracias por la prueba’. Pago, sonriendo como si nada, piernas flojas. Fuera, clientas mirándonos, ¿sospecharían el olor a sexo? Camino al coche, secreto quemándome, tetas sensibles rozando tela. Uf, qué subidón, quiero repetir ya.

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