Follada salvaje en la cabina de probadores con una pareja caliente

Era un solecito tímido de otoño, pero yo ardía por dentro. Entré en esa tienda de ropa íntima, con mi abrigo largo cubriendo mi cuerpo curvilíneo que tanto gusta. Elegí una falda cortita que marca mis caderas anchas y una blusa de seda que deja ver mis tetas grandes, sin sujetador, solo para provocarme. Mientras miraba, una mujer menuda y flexible, Ana, se acercó. ‘¿Te ayudo?’, dijo con ojos grises que me taladraron. Charlamos, reímos. Tenía un magnetismo raro, como en esa fiesta donde bailamos pegadas, sus manos rozándome las caderas. ‘Vamos a probarnos juntas, hay una cabina grande’, me propuso. Acepté, el corazón latiéndome fuerte.

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Cogí varios modelitos: lencería negra, un vestido ceñido. El tintineo de las perchas metálicas resonaba mientras entrábamos. El rideau se cierra con un susurro. Dentro, espejos por todos lados, el aire fresco del probador me eriza la piel. Ana se quita el vestido vaquero, deja ver sus piernecitas finas y un triángulo oscuro. Yo me desabrocho la blusa, mis tetas saltan libres, pezones duros ya. ‘Estás buenísima’, murmura ella, rozando mi muslo con los dedos. Oímos voces fuera, clientas charlando. Mi falda sube, su mano en mi nalga. El espejo refleja todo: su boca cerca de mi cuello, mi coño humedeciéndose. ‘Shhh, no hagamos ruido’, dice, pero sus uñas arañan mi liga. Tensión eléctrica, respiramos agitadas.

Elegiendo ropa y entrando en la cabina

De repente, el rideau se mueve. Su marido, alto, canoso, entra sonriendo. ‘No os molesto, ¿verdad?’. Cierra fuerte. Ahora somos tres, apretados. Ana me besa, lengua dentro, mientras él me aprieta las tetas. ‘Joder, qué pechones’, gruñe bajito. Me tumba en el banquito, falda arriba, sin bragas. Mi coño depilado brilla. Ana se arrodilla, lame mi clítoris despacio, chupando suave para no gemir alto. ‘¡Ay, dios!’, susurro, mordiéndome el labio. Él saca su polla gorda, venosa, la frota en mi cara. La chupo, gorgoteando saliva, mientras Ana mete dos dedos en mi chochito chorreante. Voces fuera: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Nos callamos, pero follamos más fuerte. Él me penetra de golpe, polla hasta el fondo, embiste lento pero profundo. ‘¡Cógela fuerte!’, pide Ana, frotando su coño en mi boca. La como, lengua en su ano, ella se corre ahogada: ‘¡Sí, joder!’. Yo exploto, coño apretando su verga, jugos por las piernas.

El clímax brutal y la salida secreta

Ana se monta en mi cara, él la folla mientras yo lamo sus huevos. Polla entra y sale de su coñito estrecho, salpica mi lengua. Gemidos susurrados, cuerpos sudados pegados al espejo frío. Él se corre dentro de ella, semen goteando en mi boca. Trago, lamiendo todo. Orgasmo grupal, temblando, shhh constante. Rápido nos vestimos, texturas nuevas de ropa rozando piel sensible, olor a sexo impregnado.

Salimos, sonrisas inocentes. Ana paga sus cosas, yo las mías, piernas flojas, coño palpitando con su semen resbalando. La cajera nos mira raro, oímos risitas fuera. Caminamos por la tienda, secreto ardiendo bajo la falda. ‘Vuelve pronto’, me guiña Ana. Yo, eufórica, con el coño lleno y el corazón a mil. Increíble.

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