Mi polvo salvaje en la cabina de pruebas con un desconocido

Dios, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Era un jueves por la tarde, en esa tienda de ropa íntima del centro comercial. Poco gente, perfecto para mis jueguecitos. Cogí un vestido negro ajustado, unas braguitas de encaje y un sujetador push-up. Olían a nuevo, esa textura suave que te eriza la piel. Caminé hacia las cabinas, el corazón ya latiéndome fuerte. Elegí la del fondo, la más grande, con tres espejos que multiplican todo.

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Entré, colgué los vestidos en la percha. Clinc, clinc, el ruido de las cintres. Me quité la blusa despacio, sintiendo el aire fresco del espejo contra mis pezones. Afuera, voces lejanas: una mujer preguntando tallas, risas. Me probé el vestido, me giré… y vi su sombra al otro lado del rideau. Un tío de unos cuarenta, bien puesto, pelo canoso, el vendedor quizás. Nuestras miradas se cruzaron por el hueco. ‘¿Necesitas ayuda?’, murmuró bajito. Dudé, mordiéndome el labio. ‘Pasa… mira si me queda bien’. El rideau se cerró con un susurro. Tension pura. Su aliento cerca, el olor a colonia mezclada con mi perfume.

Elegí la ropa y la tensión empezó al cerrar el rideau

Se acercó, sus manos rozaron mi cintura. ‘Te queda de puta madre’, dijo con voz ronca. Yo, ya mojada, me giré hacia el espejo. Nuestros cuerpos reflejados por todos lados. Él se pegó por detrás, su paquete duro contra mi culo. ‘Shhh, no hagas ruido’, le susurré, pero mis manos ya bajaban su cremallera. Sacó la polla, depilada, gorda, ya tiesa. La agarré, joder, qué caliente estaba. Empecé a pajearla lento, viéndonos en el espejo. Sus ojos clavados en mis tetas. ‘¿Te gusta?’, gemí bajito. Él asintió, respirando pesado.

No aguanté más. Me arrodillé en el suelo frío, la alfombra áspera contra mis rodillas. La polla delante de mi cara, venosa, con el capullo brillando de pre-semen. La lamí desde las bolas, chupándolas una a una, aspirando suave. Él se apoyó en el espejo, un dedo en los labios. ‘Cuidado con el ruido’, jadeó. Afuera, pasos, una clienta cerca: ‘¿Dónde está el baño?’. Yo metí la verga entera en la boca, garganta profunda, sintiendo cómo me llenaba. Vaivenes lentos, lengua girando en el glande, saboreando ese gusto salado. Él me agarró el pelo, follando mi boca con cuidado, pero bestial. Mis coños chorreaban, me toqué disimulando gemidos.

El sexo brutal en silencio, con la polla en mi boca

Aceleré, mamando fuerte, mano en la base pajándola sincronizada. Sus huevos se tensaron, gemidos ahogados. ‘Me corro… joder’. Se arqueó, primer chorro caliente directo a la garganta, espeso, picante. Tragué todo, lamiendo hasta la última gota mientras su polla palpitaba. Él jadeaba, yo limpiando con la lengua, viéndonos sudados en los espejos. Minutos eternos, el corazón a mil.

Se recompuso rápido, se subió los pantalones. ‘Eres una guarra’, sonrió pícaro. Yo me puse el vestido, oliendo a sexo. ‘Cómpralo, te lo mereces’. Salí primero, rideau entreabierto, fingiendo normalidad. En caja, pagué temblando, su mirada cómplice desde lejos. Caminé por el magasin con las bragas empapadas, el secreto quemándome. Voces ajenas, pero solo yo sabía la lefa en mi boca. Aún me excita pensarlo.

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