Follada salvaje en la cabina de probadores con el dependiente

Estaba en esa tienda de ropa interior sexy, de esas que te ponen a mil solo con mirar los escaparates. Hacía semanas que el mundo respiraba al fin, post-pandemia, todo el mundo tocándose, besándose… Yo, con mi novio, pero ese día él no vino. Elegí unos tangas diminutos, un sujetador push-up rojo fuego. ‘¿Me ayudas con el cierre?’, le dije al dependiente, un moreno alto, con ojos que me desnudaban ya. Sonrió pícaro. ‘Claro, pasa a la cabina’. El corazón me latía fuerte. Entramos juntos, el rideau se cierra con un susurro. Clinc, las perchas tintinean al colgar la ropa. El espejo grande enfrente, frío al tocarlo con la espalda. Oigo voces fuera, clientas charlando, pasos. Su aliento en mi cuello. ‘Quítate la blusa’, murmura. Mis pezones ya duros rozan la tela nueva, suave, olía a limpio. Nos miramos en el espejo, sus manos en mi cintura. ‘Joder, qué culazo’, dice bajito. Yo me muerdo el labio. La tensión sube, el aire espeso. Sus dedos bajan mi cremallera, despacio. Siento su polla dura contra mi culo. ‘Shhh, nos oyen’, susurro, pero ya estoy mojada.

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No aguanto más. Me giro, lo beso con hambre, lenguas enredadas. Sus manos aprietan mis tetas, pellizca los pezones. ‘Quítame los pantalones’, gime. Lo bajo de un tirón, su polla salta, gruesa, venosa, cabezona ya brillando. La agarro, masturbo fuerte. ‘Mmm, qué rica’, dice. Yo de rodillas en el suelo sucio de la cabina, perchas balanceándose. La chupo, profunda, saliva chorreando por la barbilla. Glup, glup, sonidos húmedos que intento ahogar. Fuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Él me agarra el pelo, folla mi boca. ‘Para, te vas a correr’, susurro jadeando. Pero no, me pone de pie, contra el espejo. Frío en las tetas. Baja mi tanga, mete dos dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, puta’. Me come el coño, lengua rápida en el clítoris, dedos curvados tocando el punto G. Gimo bajito, ‘Ahh… sí…’. Su polla roza mi muslo. Me gira, levanto una pierna. Entra de golpe, ‘¡Joder!’. Polla dura reventándome el coño, embestidas cortas para no golpear fuerte. Espejos por todos lados, veo mi cara de zorra, sus huevos chocando suaves. ‘Cállate o nos pillan’, dice, pero me folla más fuerte. Saco el vibrador del bolso –sí, lo llevo siempre–, se lo meto por el culo mientras me penetra. Él gruñe, ‘¡Coño, qué guarra!’. Cambio: anal. Escupo en su polla, empujo contra su verga. Duele rico, me abre el ojete. ‘Despacio… ahhh’. Me folla el culo, mano en mi boca para callar mis gemidos. Clítoris frotando su mano, me corro temblando, coño vacío pero chorreando. Él eyacula dentro, leche caliente llenándome el culo. Sudor, olor a sexo, respiramos agitados.

La elección de la ropa y la entrada en la cabina

Salimos. Yo con el tanga nuevo puesto, su semen goteando lento por mis muslos. Él va a caja, ‘¿Todo bien?’. Sonrío, ‘Perfecto, me lo llevo todo’. Pago, piernas flojas, clientas mirándonos raras. Oigo risitas fuera. El secreto quema bajo la falda, coño palpitando aún. Caminamos al coche, su mano en mi culo disimulada. ‘Otra vez?’, pregunto. ‘Cuando quieras, guarra’. Joder, qué subidón.

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