Mi polvo salvaje en la cabina de probadores con el vendedor

¡Ay, chicas, aún siento el calor entre las piernas! Ayer entré en esa tienda de moda del centro, de esas con probadores grandes y espejos por todos lados. Estaba cachonda, buscando algo sexy para una cita. Un vestido negro ajustado, ceñido al culo, y una falda plisada cortita que subía sola. El vendedor, un tío alto, moreno, con ojos que te desnudan… Se llamaba Lionel, o algo así, con acento francés pero aquí en Madrid. ‘¿Necesitas ayuda?’, me dice con sonrisa pícara. ‘Claro, ayúdame a probarme esto’, le suelto, mordiéndome el labio.

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Cojo tres prendas: el vestido satinoso, suave como piel de bebé, huele a nuevo, a tienda cara. Las perchas tintinean, clinc clinc, mientras las llevo al probador. ‘Ven, cierra el rideau’, le digo bajito. Él duda un segundo, mira alrededor. Voces de clientas fuera, risas, pasos. El corazón me late fuerte. Entro, dejo caer la falda. El espejo enfría mis tetas desnudas, pezones duros al instante. Él entra detrás, el rideau raspa las varillas. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurro. Su mano ya en mi cintura, aliento caliente en el cuello. ‘Estás buenísima’, murmura. La tensión sube, coño mojado ya, notando su paquete duro contra mi culo.

La elección y la entrada temblorosa

No aguanto más. Me giro, le bajo la cremallera del pantalón. ¡Joder, qué polla más gorda! Gruesa, venosa, cabeza hinchada. La agarro, palpitante, caliente. ‘Métemela ya’, gimo bajito. Él me empuja contra el espejo, frío en la espalda, tetas aplastadas. Me abre las piernas, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice ronco. Dos dedos dentro, chapoteo suave, me muerde el hombro para no gritar. Saco condón del bolsillo –siempre preparada–, se lo pongo rápido. Me penetra de golpe, ¡uf!, llena hasta el fondo. Polla dura como hierro, me folla fuerte, embestidas cortas y brutales. Espejos everywhere: veo mi cara de placer, culo rebotando, su polla entrando y saliendo, jugos brillando.

El clímax brutal y la salida ardiente

‘¡Quieta, que nos oyen!’, jadea, tapándome la boca. Pero no paro, clavo uñas en su espalda, gimo en su mano: ‘Más, joder, rómpeme el coño’. Cambiamos, me pone de rodillas. Chupo su polla, salada de mis fluidos, bolas en la boca, trago profundo. Él me come el coño desde atrás, lengua en el culo, dedos en clítoris. Vuelvo a cuatro, espejo enfrente: veo mi coño abierto, rojo, tragando su verga. Acelera, plaf plaf contra mi carne, sudor goteando. ‘Me corro’, gruñe. Yo exploto primero, orgasmo brutal, piernas temblando, coño apretando como tenaza. Él se corre dentro, espasmos, semen caliente llenándome aunque con goma. Nos quedamos jadeando, besos sucios, olor a sexo puro.

Salgo primero, piernas flojas, coño palpitando aún. Me visto rápido, vestido puesto, falda en bolsa. Él sale después, profesional: ‘¿Qué tal le queda?’. Pago en caja, sonriendo como si nada, clientas charlando a metros. Fuera, aire fresco en la piel caliente, bragas empapadas rozando. Secretito ardiente bajo la ropa, recordando cada embestida. ¡Quiero repetir ya!

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