Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Estaba en Lyon, buscando un vestido para esa boda familiar. El Lyonnais, con sus tiendas elegantes. Entro en una de moda, llena de gente. Y de repente… lo veo. Lucien, mi antiguo amante de Roanne. Hace veinte años que no nos veíamos. Ese hombre que me folló como un loco una noche de fotos. Me reconoce al instante, sonrisa pícara. ‘Juliette… ¿sigues igual de caliente?’ Susurra. Eh… sí, digo yo, ruborizada. El corazón me late fuerte.
Elegimos ropa. Un vestido rojo ajustado, lencería fina. ‘Pruébatelo’, dice él, guiñando. Las clientas charlan fuera, voces lejanas. Cintres tintineando, olor a tela nueva, crujiente al tacto. Cojo varias prendas. ‘Ven a ayudarme’, le pido bajito. Entramos en la cabina grande, la del fondo. Rideau se cierra. Shhh. El espejo grande enfrente, frío al rozar mi espalda. Sus ojos en mi reflejo. Ya noto su paquete duro contra mí. ‘Lucien… ¿y si nos oyen?’, murmuro. Él me besa el cuello. ‘Calladita, puta mía’. La tensión sube. Mis pezones se endurecen bajo la blusa.
Elegí la ropa y entramos juntos
Sus manos bajan mi cremallera. La blusa cae. Sujetador fuera. Mis tetas al aire, grandes, firmes aún. Él gime bajito. ‘Joder, qué pechos’. Yo desabrocho su pantalón. Su polla salta, gruesa, venosa, cabezona. La agarro, late en mi mano. ‘Mira cómo me has puesto’, dice ronco. Me gira contra el espejo. Frio en las nalgas. Levanto mi falda. Bragas abajo. Mi coño chorreando, pelito rubio mojado. ‘Fóllame ya’, susurro urgente. Introduce dos dedos. ‘Estás empapada, zorra’. Los saca, me los mete en la boca. Sabor mío, salado.
El polvo brutal sin poder gritar
Me abre las piernas. Polla en la entrada. Empuja. Aaaah… entra de golpe, llenándome. ‘Shhh’, tapa mi boca. Empieza a bombear. Fuerte, profundo. Plaf, plaf suave contra mi culo. Espejos por todos lados: veo su cara de placer, mi coño tragándosela, tetas botando. ‘Más… más hondo’, gimo ahogada. Él acelera. Sudor goteando. Olor a sexo, a piel caliente. Clientas fuera: ‘¿Has visto ese vestido?’. Voz de dependienta cerca. Nos paramos. Risas nerviosas. Sigue follando, salvaje. Me corro primero. Coño apretando su polla, jugos bajando piernas. ‘Me vengo… joder’, jadea él. Chorros calientes dentro. Llénandome. Nos quedamos pegados, respirando agitado.
Sale primero. Se sube pantalón rápido. ‘Ve tú’, dice. Limpio mi coño con las bragas, las dejo ahí. Me visto temblando. Tela nueva pegajosa en piel sudada. Rideau abierto. Salgo sonriendo. ‘¿Qué tal?’, pregunta dependienta. ‘Perfecto’, digo casual. Él en caja, paga el vestido rojo. Nuestras miradas cómplices. Secretos quemando bajo ropa. Fuera, manos rozan. ‘Otra vez pronto’, susurra. Caminamos, piernas flojas, sonrisa culpable. Ese frisson público… adictivo. Aún huelo su semen en mí.