¡Dios, aún me tiemblan las piernas! Soy Sofia, una española bien puta y abierta, y acabo de follarme a mi amiga Marta en una cabina de probadores. Ella es como una virgen tímida, novia de un tío soso, pero hoy se ha soltado conmigo. Estábamos en esa tienda de lencería chic, oliendo a tela nueva y perfume caro. Marta dudaba frente al espejo, con su cuerpo perfecto: tetas firmes, culo redondo, piernas largas. ‘Prueba esto’, le digo, pasándole un body-string carne, transparante, con portalígaros. Sus ojos se abren, roja como un tomate. ‘¿En serio? ¿Y si nos ven?’ Susurro: ‘Por eso mola, el riesgo’. Cogemos más cosas: un caraco burdeos, tangas diminutas. El tintineo de las perchas me pone ya cachonda. Entramos juntas en la cabina estrecha, el rideau se cierra con un susurro. Afuera, voces de clientas, pasos. El espejo enfrente multiplica nuestros cuerpos. Me pego a ella, huelo su piel fresca, mezclada con mi excitación. ‘Quítate la ropa’, le ordeno suave. Sus manos tiemblan al desabrochar el sujetador. Sus pezones duros rozan el aire frío. Yo me bajo las bragas, mi coño ya chorreando. La tensión sube, nos miramos en el espejo, mordiéndonos labios. ‘Jessica… no, Sofia, ¿estás segura?’, balbucea. La beso, lengua dentro, saboreando su saliva dulce. Sus gemidos ahogados: ‘Shhh, nos oyen’.
¡Joder, qué polvo! La empujo contra el espejo frío, sus tetas aplastadas contra el cristal. Le arranco el body, expongo su coño lampiño, rosado y húmedo. ‘Mírate, puta’, le digo al oído. Meto dos dedos directos, chapoteo suave, su clítoris hinchado bajo mi pulgar. Ella se arquea, uñas en mi hombro. ‘¡Ay, Sofia, me duele de gusto!’ Chupo su cuello, bajo a sus tetas, muerdo pezones. Afuera, la dependienta pregunta: ‘¿Todo bien, chicas?’. ‘S-sí, perfecto’, responde Marta con voz rota, mientras yo le como el coño. Lengua plana lamiendo labios mayores, sorbo su jugo ácido, dulce. ‘¡Córrete ya!’, susurro. Ella tiembla, coño contrayéndose en mi boca, ahogando gritos contra mi pelo. Ahora ella: torpe pero ansiosa, me tumba en el banquito duro. Sus dedos inexpertos en mi coño peludo, frotando clítoris. ‘Así, joder, más rápido’. Me corro gritando bajito, mordiendo su mano. Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, resbaladizo, caliente. Espejos por todos lados: veo su culo moviéndose, mi sudor goteando. Orgasmo doble, piernas flojas, olor a sexo impregnando la cabina. ‘No pares’, jadea. Dedos en su culo virgen, uno solo, la hace gemir. ‘¡Me follarás siempre!’, confiesa. Silencio roto solo por respiraciones y chasquidos húmedos. No más ruido, pasión devoradora.
Eligiendo la lencería y entrando en la cabina
Salimos, sonrojadas, pelo revuelto. ‘¿Qué tal?’, pregunta la dependienta, ojo pícaro. ‘Genial, nos lo llevamos todo’, digo yo, pagando con tarjeta temblorosa. Marta camina tiesa, mi semen en sus bragas nuevas, el secreto quemándonos bajo la ropa. Afuera, aire fresco en caras calientes. ‘¿Repetimos?’, le pregunto. Sonríe maliciosa: ‘Con Olivier mirando, ¿por?’. El frisson público, los espejos testigos, las voces ajenas… ¡No hay nada igual! Mi coño palpita aún. ¿Y tú, lo has hecho en probadores?