Hace dos días, con este calor de junio que me pone cachonda, entré en el Zara del centro. Quería algo sexy: un vestido corto negro, ajustado, tangas de encaje y un sujetador push-up que levante bien las tetas. El dependiente… uf, Dani, se llama. Joven, delgado como una chica, pelo negro largo hasta los hombros, sonrisa que ilumina todo. Me mira con ojos finos, simpático, familiar sin ser pesado. Me ayuda a elegir, rozando mi brazo. ‘Este te quedará perfecto, pruébatelo’, dice con voz suave.
Cojo las prendas, entro en la cabina grande, espejos por todos lados. Cierro el rideau… ras, ese sonido áspero. Afuera, voces de clientas, risas, pasos. Huele a tela nueva, crujiente al tacto. Me quito la camiseta, el sujetador… tetas al aire, pezones duros por el aire frío. Pruebo el vestido, se pega a mi piel sudada. ‘¿Te ayudo?’, susurra Dani desde fuera. ‘Sí, pasa’, digo, corazón latiendo fuerte. Entra, cierra el rideau. Estamos pegados, su cuerpo delgado contra el mío. ‘Gírate’, dice, manos en mi cintura. Siento su aliento en mi cuello, su paquete rozándome el culo. Miro el espejo: yo excitada, él con esa cara femenina pero mirada de macho. ‘Estás buenísima’, murmura. Mi coño palpita ya.
La elección y el primer roce en la cabina
Tension sube como un cohete. Sus dedos bajan el vestido por mis hombros, rozan mis tetas. ‘Shhh, no hagas ruido’, dice riendo bajito. Afuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Me muerdo el labio. Él se pega más, su polla dura contra mi muslo. ‘¿Quieres ver la mía?’, pregunta con sonrisa. Bajo su cremallera… joder, una tanga fina, casi transparente. Su verga se hincha dentro, grande, venosa. La saco, ruido de tela. Gorda, cabeza roja brillante. ‘Chúpala’, susurra. Me arrodillo en el suelo frío, perchas tintineando. Afuera, pasos. La lamo despacio, lengua en el glande, salada. Él gime bajito, mano en mi pelo. La meto en la boca, hasta la garganta, saliva chorreando. Chup chup, suave para no oírse. Sus caderas empujan, follando mi boca. ‘Qué puta boca’, dice ahogado.
El polvo intenso y la salida con el secreto
No aguanto. Me levanto, me bajo las bragas, coño empapado. ‘Fóllame’, le pido. Él me gira contra el espejo, frío en mis tetas. Escupe en su mano, moja su polla. Afuera, risas de chicas. ‘Doucemente’, digo jadeando. Presiona mi ano… espera, ¿anal? Sí, lubricado con su saliva. Duele al principio, pero entra, dura como madera. ‘Aaah’, susurro. Me tapo la boca. Va y viene lento, espejo reflejando su polla entrando en mi culo apretado. Manos en mis caderas, pelo largo rozándome la espalda. Acelera, plof plof suave contra mi piel. Mi clítoris palpita, me toco frotando. ‘Me corro’, gime él. Siento su leche caliente dentro, preservativo lleno. Yo exploto, coño chorreando, piernas temblando. Beso su cuello, sudados los dos.
Sale primero, ‘¿Todo bien?’. Yo me visto rápido, vestido arrugado, bragas húmedas pegadas. Salgo, cara roja, pelo revuelto. ‘Me lo llevo todo’, digo en caja, él guiñando ojo. Pago, piernas flojas, secreto quemándome bajo la ropa. Afuera, clientas ajenas. Sonrío, coño aún palpitando. Nunca olvidaré esos espejos multiplicando el morbo.