Ofrecí la Polla de mi Marido a la Vendedora en la Cabina de Prueba

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fue ayer, en ese centro comercial abarrotado un sábado por la tarde. Paco y yo, como siempre, buscando ropa sexy para mí. Vestidos ajustados, lencería que marca el coño. La vendedora… uf, se llamaba Carmen, unos sesenta pero con cuerpo de cuarenta, curvas generosas, sonrisa pícara, pelo corto teñido de rojo fuego. Me ayudó a elegir, rozándome el brazo, mirándome el escote. ‘Este te quedará perfecto, guapa’, me dijo con voz ronca. Paco la miró, yo vi la erección en sus pantalones.

Cogí tres prendas, Paco dos pantalones. ‘Vamos a probarnos’, le susurré al oído. Elegimos la cabina grande del fondo, con espejo enorme por todos lados, rideau rojo que apenas cierra. Entramos los dos, el corazón latiéndome fuerte. Afuera, voces de familias, niños riendo, tintineo de perchas. Cerré el rideau con un susurro, el tejido nuevo rozando mi piel. ‘Sácatela, amor’, le dije bajito. Paco, obediente, bajó la cremallera, su polla semi-dura saltó fuera, gruesa, venosa. Me arrodillé, la olí, ese olor a hombre limpio. Empecé a pajearla despacio, sintiendo cómo crecía en mi mano, el prepucio deslizándose. Pero quería más frisson. ‘Espera’, le dije, y llamé bajito: ‘¿Carmen? ¿Puedes ayudarme con el cierre?’

La Elección de Ropa y la Entrada Tensa

Ella entró rápido, el rideau se abrió un segundo, ojos directos a la polla de Paco. ‘¡Madre mía!’, murmuró, cerrando tras ella. La cabina olía a ropa nueva, a perfume barato. Se mordió el labio, miró el espejo reflejando su falda negra subiendo por muslos con medias. ‘¿Queréis que…?’, dudó. ‘Sí, tócala. Pero silencio, ¿eh? Hay gente’, le rogué excitada, mi coño chorreando ya. Se arrodilló a mi lado, sus manos maduras, uñas rojas largas, anillos tintineando suave. Agarró la polla, ‘Qué polla más bonita, tan dura’, susurró. Empezó a masturbarlo lento, arriba abajo, el sonido húmedo de piel contra piel. Paco gemía bajito, ‘Shhh’, le tapé la boca. Yo me bajé las bragas, metí dedos en mi coño mojado, mirando el espejo: tres cuerpos apretados, su falda arremangada mostrando un tanga empapado.

El Clímax Silencioso y la Salida Ardiente

La cosa se puso brutal. Carmen aceleró, dos manos ahora, una en la polla, otra masajeando las huevos pesadas. ‘Están llenas, ¿verdad?’, me dijo al oído, su aliento caliente. Paco sudaba, el espejo frío contra su espalda. Yo lamí el capullo, saliva goteando, ella lo chupó entero, garganta profunda sin ruido, solo succiones ahogadas. ‘No pares, joder’, gruñó él entre dientes. Afuera, una clienta: ‘¿Dónde está la talla 38?’. Tensión máxima, mi clítoris hinchado rozando sus dedos. Cambiamos: yo pajearla a cuatro manos, gel que saqué del bolso untado en el glande rojo, brillante. Brillaba en los espejos infinitos. Ella gimió suave, ‘Me corro…’, pero no, aguantamos. Paco temblaba, venas pulsando. ‘Dámelo’, suplicó ella. Jets de lefa espesa, caliente, salpicando caras, chemisier negro, mi mano. ‘Oohhh… síiii’, onomatopeyas mudas. Limpiamos rápido con kleenex, risas nerviosas.

Ella salió primero, ‘Gracias por la ayuda’, dijo normalita, guiñándome. Paco se subió el pantalón, polla aún goteando. Yo me puse el vestido, semen seco en la piel bajo la ropa. Al cajero, normal, pero mi coño palpitaba, secreto quemando. Pagamos, salimos, ella nos sonrió desde la caja: ‘Volved pronto’. En el coche, follamos como animales. Chicas, el riesgo de ser oída, los espejos multiplicando el morbo… inolvidable.

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