Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Soy María, super abierta al sexo, y vivo con Sandra, mi coloc rubia, pero llegó Andrea, la americana rusa de baile, con ese culo perfecto y pelo fuego. Ese día, fuimos al centro comercial, yo con mi falda corta gris del curro, ella en short diminuto. ‘Vamos a probarnos algo sexy’, me dijo guiñando.
Entramos en la tienda chic, llena de clientas charlando fuera. Cogí un vestido negro ceñido, lencería roja, tanga mínima. Andrea eligió un body transparente, tacones. El tintineo de las perchas me ponía ya nerviosa, el olor a tela nueva, fresco. ‘¿Esta?’, preguntó ella, rozándome el brazo. Sentí el calor.
Entrando en la cabina: la tensión sube
Nos metimos en la cabina grande, la más apartada, pero oíamos voces al lado. Cerré el cortinón rojo, rrsssh, ese sonido suave. El espejo enorme enfrente, frío al tocarlo con la mano. Nos miramos, eh… ella se quitó el short despacio, bikini negro asomando, yo subí la falda, sin bragas ya, excitada por su mirada glotona. ‘Estás sin nada’, susurró, voz ronca. Mi coño empezó a mojar, el aire fresco entre piernas.
No aguantamos. Se acercó, su aliento en mi cuello, manos en mis tetas apretando el sujetador. ‘Shhh, no hagas ruido’, dije mordiéndome labio. Beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a menta. La empujé al espejo, su espalda contra el frío cristal, gemí bajito ‘ayyy’. Bajé su bikini, su coño raso, labios hinchados, jugoso. Lamí sus muslos, subiendo, ella abría piernas temblando.
‘Come mi coño, María’, jadeó bajito. Hundí la lengua en su raja, salado dulce, chupando clítoris duro. Ella se mordía el puño para no gritar, caderas moviéndose contra mi cara. Dedos dentro, dos, tres, chapoteando suave, su culo ondulando. ‘¡Joder, qué puta eres!’, susurró. Me volteó, falda arriba, besó mi culo, lengua en el ano, círculo caliente. ‘Sin tanga para mí, ¿eh?’, lamió mi coño empapado, dedos follando fuerte pero silenciosos.
El polvo brutal y el clímax silencioso
Caí de rodillas, ella a cuatro patas frente espejo, viéndonos follar. Le metí lengua profunda, dedos en ano apretado, ella chorrea en mi boca. ‘No pares, oh fuck…’, gimió ahogado. Nos frotamos coños, clítoris chocando, tetas rebotando, sudor mezclado. Orgasmo brutal, mordí su hombro para callar el grito, ella me clavó uñas, venida explotando, piernas flojas.
69 rápido, su coño en mi cara, yo lamiendo todo, ella chupándome clítoris, dedos en mi culo dilatando. ‘¡Me corro otra vez!’, susurró, inundándome. Yo exploté, ahogando gemidos en su muslo, espejos empañados, olor a sexo fuerte.
Terminamos jadeando, besándonos sucio. ‘Vámonos ya’, dije arreglando falda, coño chorreando bajo tela. Ella bikini torcido, short puesto a prisa. Abrí cortina, cara roja, sonriendo al vendedor. ‘¿Todo bien?’, preguntó él. ‘Sí, perfecto’, contesté voz temblorosa, piernas gelatina. Pagamos rápido, tanga roja y su body, saliendo con secreto ardiendo, clientas ajenas, mi coño palpitando aún, excitada por el riesgo. Dios, qué vicio público.