Follada brutal en la cabina de probadores con la dependienta cachonda

Estaba en esa tienda de ropa sexy, de esas de centro comercial con luces tenues y música suave. Miraba unos tangas y sujetadores push-up, tocando la tela suave, nueva, que olía a tienda. Elegí un conjunto rojo, diminuto, y otro negro. La dependienta, una morenaza de unos 25, con tetas enormes que se marcaban bajo la blusa, se acercó. ‘¿Te ayudo?’, dijo con sonrisa pícara. Se llamaba Carla, el nombre en su placa rozando un pezón tieso.

‘¿Quieres probártelos?’, insistió, ojos clavados en mis curvas. Asentí, nerviosa ya. Cogí las prendas, el tintineo de las perchas me erizó la piel. Caminamos al fondo, zona de probadores. Cabinas grandes, con espejo enorme al frente y laterales, rideau rojo grueso. ‘Esta es duo, para ayudar mejor’, murmuró, abriéndome paso. Entré, corazón latiendo fuerte. Colgué la ropa, el ruido metálico de las perchas. Me quité la camiseta, bragas… desnuda frente al espejo, mi coño ya húmedo viéndome.

Elegí la lencería y la cabina se calentó

Carla entró detrás, ‘rideau’ cerrado. ‘¿Te queda bien?’, susurró cerca, aliento caliente en mi cuello. Sus manos rozaron mi cintura, subiendo. ‘Déjame ayudarte’, dijo, voz ronca. El frío del espejo contra mi espalda cuando me apoyé. Afuera, voces de clientas, pasos, risas. ‘Shhh, no hagas ruido’, me dijo, pero sus dedos ya en mis tetas, pellizcando pezones. Gemí bajito, mordiéndome labio. Ella se pegó, tetas contra mi espalda, mano bajando a mi coño. ‘Estás empapada, puta’, rio suave.

No aguanté. La giré, beso salvaje, lenguas enredadas. Manos en su blusa, abrí botones, tetas libres, enormes, pezones oscuros duros. Chupé uno, fuerte, ella ahogó gemido contra mi pelo. ‘Fóllame’, susurró. Bajó pantalón, sin bragas, coño rasurado brillando. La empujé al espejo, rodillas abiertas. Dedos en su raja, resbaladiza, clítoris hinchado. ‘Sí, así’, jadeó. Afuera, una voz: ‘¿Todo bien ahí?’. ‘Sí, gracias’, respondí temblando, mientras metía dos dedos en ella.

La follada intensa y el secreto al salir

Se arrodilló, lengua en mi coño, lamiendo lento, chupando labios. ‘Qué rico tu chocho’, murmuró. Yo en el espejo vi mi cara de zorra, tetas botando. No pude más, la subí, la besé con mi jugo en su boca. Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, resbalosas. ‘Me corro’, susurró ella, uñas en mi culo. Yo también, orgasmo mudo, cuerpo temblando, mordiendo su hombro. Sudor, olor a sexo mezclado con perfume de tienda.

Pero quería más. La puse de espaldas al espejo, lengua en su ano, lamiendo mientras dedos follaban su coño. ‘Joder, sí, come mi culo’, gimió bajito. Ella se giró, mano en mi clítoris frotando fuerte. Otro orgasmo nos pilló juntas, piernas flojas, respirando agitadas. Rápido, limpiamos con toallitas de la cabina, olor a humedad por todos lados.

Salí primero, cara roja, sonriendo al espejo. Pagué el conjunto rojo, ‘Me lo llevo, perfecto’, dije al cajero, coño palpitando bajo falda, jugos bajando muslo. Carla guiñó ojo desde atrás, ‘Vuelve pronto’. Caminé por el magasin, voces ajenas, luces brillantes, secreto ardiendo entre piernas. En casa, me masturbé recordando los espejos, el rideau, el casi ruido. Quiero repetir.

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