Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fui al centro comercial a por una minifalda nueva, de esas que marcan mis piernas finas del ciclismo. Sesenta tacos, pero me cuido, ¿eh? Divorciada, abierta a todo. Vi a ese tío, unos cincuenta, atlético, runner a la vista por los gemelos. Charlamos en el pasillo, semelles ortopédicas suyas, risa, coqueteo. ‘¿Me ayudas a probarme esto?’, le digo guiñando. Él, pillado, asiente.
Cojo tres faldas, entramos en la cabina grande, espejo por todos lados. Cierro el rideau, ¡zas!, tintineo de cimtres metálicos. Olor a tela nueva, crujiente al tacto. Afuera, voces de clientas, ‘¿te queda bien esa?’. Mi corazón late fuerte. Me quito el pantalón corsario, quedo en tanga. Él traga saliva, ojos en mis muslos sin celulitis. ‘Estás buenísima para tu edad’, murmura. Le acerco, polla ya dura bajo los vaqueros. Manos en mi culo, beso salvaje, lengua dentro, jadeos bajitos.
La elección de la ropa y la tensión en la cabina
‘Quieto, shhh, nos oyen’, susurro, pero froto mi coño contra su bulto. Desabrocho su bragueta, ¡joder!, qué polla gorda, venosa, saltando libre. Textura caliente, pulsa en mi mano. Él me empuja al espejo, frío en la espalda, pezones duros contra mi blusa. Afuera, pasos, risa de dependienta. Me baja la tanga, dedos en mi raja húmeda. ‘Estás chorreando, puta’, dice al oído. Me arrodillo, chupo su verga, glups glups suaves, saliva goteando. Él gime ahogado, mano en mi pelo.
Me pone de pie, cara al espejo. Veo mi cara de viciosa, sesenta pero follable. Me abre las piernas, lengua en mi clítoris, lametazos precisos, chasquidos húmedos. ‘¡Ay, coño!’, susurro, uñas en su cuello. Huele a mi flujo, dulce. No aguanto, tiemblo, orgasmo mudo, rodillas flojas. Él se levanta, condón del bolsillo, ‘rápido’. Me clava la polla de un empujón, ¡uf!, llena mi chocho hasta el fondo. Bombeos lentos al principio, plaf plaf contra mi culo, pero shhh. Espejos multiplican: mi teta saltando, su cara de placer, polla entrando-saliendo.
El polvo brutal y el riesgo de ser pillados
‘¿Quieres por detrás?’, pregunta ronco. Lubrico con saliva su glande, contra mi ano. ‘Hazlo, joder, métemela’. Entra despacio, ardor rico, luego folla fuerte, culazo chocando. ‘Tus huevos en mi coño, sí’, gimo bajito. Sudor gotea, espejo empañado. Afuera, ‘¿necesita ayuda?’. ‘No, todo bien’, grito yo, voz temblona. Él acelera, me agarra tetas, pellizca pezones. Me corro otra vez, apretando su polla. Él gruñe, ‘me vengo’, chorros en el condón.
Jadeamos, nos vestimos rápido. Tela pegajosa en mi piel sudada. Salgo primero, sonrisa inocente, falda en mano. Él detrás, con una camisa cualquiera. En caja, nos miramos, cómplices. ‘Gracias por la ayuda’, digo al dependiente. Pago, coño palpitando, semen imaginario goteando. Afuera, números de móvil, ‘repetimos’. Secretos ardientes bajo la ropa, frisson total. Aún me mojo recordándolo.