Me llamo Sofía, tengo 36 años, divorciada y con un cuerpo que cuido a base de gym. Mido 1,78, piernas largas y musculosas, tetas firmes 90B, pelo castaño hasta los hombros. Soy abierta al sexo, me pone el morbo de los sitios públicos, sentir ojos ajenos, el riesgo de que nos pillen. Hoy entré en esa tienda de ropa sexy, busqué una falda ajustada y un top escotado. El vendedor, un tío de unos 40, moreno con ojos azules penetrantes, me miró de arriba abajo. ‘¿Necesitas ayuda?’, dijo con voz grave. Sonreí, ‘quizá sí’. Elegí la falda negra ceñida, el top rojo. ‘Pásame a la cabina’, le pedí. Él cogió las prendas, rozó mi mano. Tintineo de perchas, olor a tela nueva. Entramos juntos. ‘Para ayudarte con la cremallera’, murmuró. Cerró el cortinón. El corazón me latía fuerte. Espacio chico, espejo por todos lados, mi reflejo multiplicado. Fuera, voces de clientas charlando. Él cerca, su aliento en mi cuello.
El rideau se cerró con un susurro. ‘Quítate la blusa’, ordenó bajito. Dudé un segundo, pero mis pezones ya estaban duros. Me la saqué, tetas al aire. ‘Joder, qué buenas’, gruñó, tocándomelas. Sus palmas calientes, ásperas. Yo jadeé suave, no quiero ruido. Fuera, pasos. Él me besó el cuello, mordisqueó. ‘Sin bragas, ¿eh?’, rio al ver mi coño depilado, ya mojado. Me giré, vi su polla abultando el pantalón. ‘Muéstramela’, susurré. La sacó, gorda, venosa, 20 cm fácil. Pre-semen brillando. Me arrodillé en el suelo frío, perchas tintineando al rozar. Lamí el glande, sabor salado. Chupé despacio, lengua en el frenillo. Él gemía contenido, mano en mi pelo. ‘Cómela toda’, pidió. Abrí la boca, tragué hasta la garganta. Tosí leve, saliva chorreando. Me folló la boca suave, espejos mostrando mi cara de puta. Fuera, ‘¿todo bien?’, una voz. ‘Sí…’, respondí ahogada.
La elección de la ropa y la tensión inicial
No aguanté más. Me puse de pie, falda subida. ‘Fóllame ya’, supliqué. Él me empotró contra el espejo, frío en mi espalda. Polla en mi coño de un empujón. ‘¡Joder, qué prieta!’, siseó. Entraba y salía, chapoteo húmedo. Yo mordía mi labio, gemidos ahogados. Tetazas rebotando, reflejadas infinito. Cambiamos: yo de espaldas, manos en espejo. ‘Por el culo’, pedí, recordando viejos vicios. Sacó gel del bolsillo, untó mi ano. Dedos primero, dos, girando. ‘Relájate, puta’. Luego la polla, cabeza forzando. Duele rico, estirándome. Entró cm a cm, yo me frotaba el clítoris. ‘¡Casi grito!’, pensé. Él bombéa fuerte pero silencioso, manos en caderas. Coño chorreando por piernas, olor a sexo. Orgasmo me pilló, piernas temblando, apreté su polla con el culo. Él gruñó bajito, ‘me corro’. Leche caliente llenándome el ojete. Salpicó fuera al salir.
Nos miramos en el espejo, sudados, sonriendo. ‘Límpiala’, dijo. Chupé su polla sucia, gusto a culo y semen. Rápido, nos vestimos. Tela nueva pegajosa en mi piel mojada. Él salió primero, ‘¿qué tal?’. Yo, con falda puesta, coño y culo goteando, ‘me la llevo’. Pagué en caja, piernas flojas, semen resbalando muslo. Clientas mirándome raro, ¿olor? Salí, aire fresco en cara, secreto ardiendo bajo ropa. Vuelvo pronto, joder qué vicio.