Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fue el sábado pasado en ese Zara del centro comercial. Estaba con Dani, mi colega de toda la vida, el que siempre me mira con esa sonrisa de lobo. Habíamos quedado para ‘comprar ropa’, pero los dos sabíamos que era excusa para un rato caliente. Elegí un conjunto de lencería roja, transparencias que dejaban ver todo, y una falda cortita que se subía sola. ‘¿Te ayudo con los probadores?’, me dijo el vendedor, un moreno cachas como Pablo, con ojos de depredador. ‘Claro, ven’, le contestó Dani guiñándome el ojo.
Entramos los tres en la cabina grande, la de minus. El rideau se cierra con ese ruido sordo, ras ras de las anillas. Afuera, voces de clientas, risas, pasos. El espejo enfrente, frío al tocarlo con la espalda. Me quito la blusa, el sujetador viejo cae al suelo con tintineo de hebillas. Pablo traga saliva, ‘Qué curvas, tía’. Dani ya me besa el cuello, sus manos en mis tetas. Siento el olor a ropa nueva, ese plastiquito crujiente. La falda se desliza por mis muslos, suave como seda. Pablo se pega detrás, su paquete duro contra mi culo. ‘Shhh, no hagáis ruido’, susurro, pero ya estoy mojada, el tanga empapado rozando mi coño.
La elección de la lencería y la tensión al cerrar el rideau
No aguanto más. Me giro, beso a Dani con lengua profunda, mientras Pablo me baja el tanga. ‘Joder, qué coñito más rico’, murmura él, metiendo un dedo. Gimo bajito, mordiéndome el labio. Dani se baja los pantalones, su polla saltando tiesa. La cojo con la mano, dura, venosa, palpitando. Pablo se abre el cinturón, clic metálico que me pone a mil. Le chupo la polla a Dani, arrodillada en el suelo sucio de la cabina, mientras Pablo me lame el coño desde atrás. Su lengua en mi clítoris, chup chup húmedo, tengo que taparme la boca. ‘Casi se oye afuera’, dice Dani riendo bajito. Me levanto, me apoyo en el espejo frío, tetas aplastadas contra el cristal. Dani me mete la polla de un empujón, ‘¡Ah!’, pero lo corto con un beso. Folla lento, profundo, plof plof suave contra mi culo.
El polvo intenso y el clímax contenido
Pablo no espera, me mete dos dedos en el culo mientras Dani me taladra el coño. ‘¿Quieres los dos?’, pregunta Dani. Asiento, jadeando. Cambio: me siento en el banquito, piernas abiertas. Dani delante, su polla entrando en mi coño chorreante. Pablo detrás, escupiendo en mi ojete, empujando su verga gorda. Duele un poco, pero joder, qué placer. Las dos pollas me llenan, rozándose dentro. Me muevo despacio, sudando, olor a sexo fuerte. ‘No grites, amor’, me dice Pablo al oído, mordiéndome el hombro. Afuera, una voz: ‘¿Estáis bien ahí?’. ‘Sí, perfecto’, respondo yo con voz temblorosa, mientras me corro como una loca, coño contrayéndose alrededor de las pollas. Ellas explotan, leche caliente llenándome por delante y detrás. Gotea por mis muslos.
Salimos hechos un desastre. Me visto rápido, lencería roja puesta, falda arrugada, semen resbalando. En caja, Pablo nos cobra con cara de póker, ‘Gracias por venir’. Dani paga, yo sonrío fingiendo normalidad. Afuera, clientas mirándonos raras. Camino con las piernas flojas, coño ardiendo, culo dolorido pero feliz. El secreto quema bajo la ropa, me mojo solo de pensarlo. Dani me susurra: ‘Repetimos pronto’. Joder, sí.