Mi follada salvaje en la cabina de probadores de Ténérife

¡Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó ayer en Ténérife! Después de visitar Icod de los Vinos, con ese drago milenario que nos dejó sudando bajo el sol, volvimos a Puerto de la Cruz. Calor, embruns en el aire… y yo, con mi short cortito y top ajustado, notando las miradas de Carlos, mi chico. Entramos en una tienda de moda, llena de turistas. Elegí unos vestidos ceñidos, rojos, provocadores. ‘Prueba este, te quedará de puta madre’, me dice Carlos, con esa sonrisa pícara.

La dependienta, una alemana guapísima llamada Silvia, se acerca. Rubia, curvas perfectas, ojos que brillan. ‘¿Necesitáis ayuda?’, pregunta en un español torpe. Le pido que me ayude con el cierre. Carlos nos sigue a la cabina. Es grande, con tres espejos que multiplican todo. Cierro el rideau… ¡zas! El tintineo de las perchas, el olor a tela nueva, el frío del espejo contra mi espalda desnuda. Fuera, voces de clientes, risas. El corazón me late fuerte. Silvia entra detrás, ‘para ayudarte mejor’. Carlos cierra. Susurro: ‘Shh, no hagáis ruido’. Pero ya siento la polla de él dura contra mi culo.

La elección de la ropa y el primer roce

Empiezo a quitarme el top. Silvia me mira fijo, sus pechos suben y bajan. ‘Eres preciosa’, murmura. La tensión explota. Me giro, la beso. Sus labios suaves, húmedos. Carlos nos abraza por detrás. ‘Joder, qué caliente’, gime bajito. Manos everywhere. Le bajo el pantalón a Silvia, su coño rubio ya empapado, pelito dorado. ‘¡Mira qué chorreante!’, le digo a Carlos. Él se saca la polla, gorda, venosa. Yo me arrodillo, la chupo un poco, saliva chorreando. Silvia jadea, tapa su boca. El espejo refleja todo: mi lengua lamiendo glande, sus tetas duras con pezones rosados como piedrecitas.

‘Quieta’, le ordeno. Abro las piernas contra el espejo, frío en mis nalgas calientes. Carlos me clava la polla de un empujón. ‘¡Ahhh!’, ahogo el grito mordiendo mi labio. Silvia me lame el clítoris mientras él me folla fuerte, plac-plac contra mi culo. Huele a sexo, a pino del ambientador de la tienda. ‘Más despacio, coño, nos oyen’, susurro. Pero no paramos. Cambio: Silvia contra el espejo, yo le meto dos dedos en el coño, chap-chap, jugos por mis manos. ‘¡Me corro!’, gime ella, tapándose la boca. Carlos la penetra a ella, yo le beso, chupando sus tetas. Polla entrando y saliendo, coño tragándosela.

El polvo brutal y el final explosivo

¡Madre mía, el frenesí! Me pongo a cuatro, Carlos me taladra el coño, bolas golpeando. Silvia debajo, lamiéndome el clítoris y sus huevos. ‘¡Fóllame más hondo!’, suplico bajito. Veo en el espejo mi cara de puta, sudor perlando, tetas bamboleando. Orgasmo me arrasa, tiemblo, chorro en la boca de ella. Carlos gruñe, se corre dentro de mí, semen caliente llenándome. Silvia se masturba furiosa, dedos hundidos, y explota chorreando al suelo.

Sudados, jadeantes. Limpio rápido con la ropa nueva, semen en las bragas. ‘¡Rápido, salid!’, digo riendo nerviosa. Silvia sale primero, sonrojada. Yo pago los vestidos, manchados discretamente. ‘Gracias por la ayuda’, le guiño. Carlos me agarra la mano fuera, polla aún medio dura bajo el pantalón. Caminamos por la tienda, piernas temblando, coño goteando semen. Voces ajenas, miradas inocentes… nuestro secreto quema bajo la ropa. ¡Qué subidón, joder! Quiero repetir ya.

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