Follada en el probador: mi polvo más arriesgado en Zara

Ayer estuve en Zara con mi chico, Pablo. Buscábamos algo sexy para mí, unos vestidos ceñidos que me marquen el culo y las tetas. ‘Prueba este, amor’, me dice con esa mirada picante. Elegimos tres, negros, rojos, con escotes profundos. El probador es grande, con tres espejos que reflejan todo. ‘Entra conmigo, ayúdame con la cremallera’, le susurro. Él sonríe, pícaro. Cerramos el rideau. Tintín de las perchas al colgar la ropa. El aire huele a tela nueva, suave, crujiente.

Me quito la camiseta, eh… despacio. Siento sus ojos en mi espalda desnuda. El espejo enfrente me muestra mis pezones duros ya. ‘Joder, qué guapa’, murmura. Se pega a mí por detrás, sus manos suben por mi cintura, rozan mis tetas. ‘Shhh, hay gente fuera’, digo, pero ya estoy mojada. Voces de clientas al lado, risas lejanas. Baja mi sujetador, pellizca los pezones. Yo gimo bajito, mordiéndome el labio. Su polla presiona contra mi culo a través del pantalón. Dura como piedra. La textura del vestido nuevo en mis muslos, fresco, me excita más.

Entrando en la cabina: la tensión sube

Me giro, le bajo la cremallera. ‘No hagas ruido’, le pido, pero mi mano ya agarra su polla gorda, venosa. La saco, caliente, palpitante. Me arrodillo en el suelo frío. El espejo lateral muestra mi boca abriéndose para ella. Chupo la punta, salada, lamo el tronco despacio. Él jadea, ‘Cariño, qué buena boca’. Sus manos en mi pelo, suave. Ruido de pasos fuera, una voz: ‘¿Necesitas ayuda?’. ‘No, gracias’, responde él, voz temblorosa. Yo acelero, succiono fuerte, bolas en mi mano. El espejo multiplica todo: mi culo arriba, su polla entrando y saliendo.

El clímax prohibido y la salida caliente

Se pone detrás. Levanta mi falda, arranca el tanga. ‘Estás chorreando, puta’. Dos dedos en mi coño, chap-chap suave. El espejo enfrente, frío en mis tetas al apoyarme. Veo mi cara de vicio, ojos vidriosos. ‘Fóllame ya’, susurro. Escupe en su polla, me abre las piernas. Entra de un golpe, ‘¡Joder!’. Lento al principio, para no golpear fuerte. Pero la pasión nos come. Empuja hondo, su vientre contra mi culo. ‘Tu coño aprieta tanto’. Yo me muevo contra él, clítoris rozando su mano. Gemidos ahogados, ‘Ah… sí… despacio’. El rideau tiembla un poco. Voces cerca: ‘Ese vestido te queda genial’. Sudor en mi espalda, su aliento caliente en mi cuello. ‘Me corro’, gime él bajito. Siento su leche caliente llenándome, chorros dentro. Yo exploto, coño contrayéndose, piernas temblando contra el espejo helado.

Toc-toc en el rideau. ‘¿Todo bien ahí? ¿Ayuda con las tallas?’, el vendedor. ‘Sí… perfecto, gracias’, digo yo, voz entrecortada, Pablo aún dentro. Él sale despacio, semen goteando por mi muslo. Me visto rápido, el vestido nuevo manchado secreto. Textura pegajosa en mi piel. Salimos, caras rojas, sonrisas falsas. ‘Me llevo este’, digo al caja, coño palpitando aún. Pablo paga, su mano en mi culo disimulada. Caminamos por el magasin, gente alrededor, mi tanga mojado en el bolso. El secreto quema bajo la ropa. ‘Joder, qué morbo’, me susurra. Yo río nerviosa, excitada todavía. En casa, repetiremos, pero ese riesgo… inolvidable.

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