Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó ayer. Soy Brigitte, una madurita española de curvas generosas, abierta como el primer día. Mi yerno, ese morbo que me come con los ojos desde hace meses, me acompañó de compras. ‘Ven, ayúdame a elegir’, le dije por WhatsApp, sabiendo que ardía por verme en lencería. Entramos en esa tienda cutre del centro, llena de gente. Voces de clientas por todos lados, risas, el pitido de las cajas.
Cogí un vestido rojo ceñido, falda corta que me marca el culo. ‘Este, ¿no?’, le susurro, rozándole el brazo. Él asiente, sudando ya. Otro, negro, con escote profundo. ‘Vamos al probador grande, el de dos’, dice él, voz ronca. Entro primero, el ruido de las cestas chocando, cintres tintineando. Cierro el rideau. Pum. Silencio de golpe. Se mete detrás, su cuerpo pegado al mío. ‘Shh, no hagas ruido’, murmura. Huele a su colonia mezclada con mi perfume dulce. El espejo enfrente, triple, nos multiplica. Mi corazón late fuerte, siento su polla ya dura contra mi culo.
Entrando en la cabina: la tensión sube
Me quito la blusa despacio, la tela nueva crujiendo suave, fresca contra la piel. Él jadea bajito. ‘Joder, Brigitte, estás…’. Le tapo la boca con la mano. ‘Calla, que nos oyen’. Afuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’. Tensión brutal. Me bajo la falda, quedo en tanga y sujetador. El espejo frío me eriza los pezones. Él se desabrocha, su polla salta, gruesa, venosa. ‘Mírate’, dice, girándome. Nuestros reflejos: yo cachonda, él con ojos de lobo. Le beso el cuello, salado. Sus manos en mis tetas, apretando, pellizcando pezones. Gimo suave, mordiéndome el labio.
No aguanto más. Me arrodillo, el suelo duro raspa mis rodillas. Cojo su polla, dura como piedra, la huelo, pre-semen salado. La meto en la boca, chupando fuerte, lengua alrededor del glande. Él agarra mi pelo, ‘Joder, qué boca’. Chup chup, saliva goteando. Afuera pasos, voces cercanas. ‘Para, nos pillan’, susurra él, pero empuja más. Me levanto, me apoyo en el espejo, frío en las palmas, empañándose ya. ‘Fóllame, rápido’. Él aparta mi tanga, moja dos dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, puta’. Empuja, su polla entra de golpe, estirándome. ‘Ahhh…’, ahogo el gemido contra su mano. Bombea duro, piel contra piel, plaf plaf suave para no sonar.
El clímax brutal y la salida con el secreto
Espejos everywhere: veo mi cara de zorra, tetas botando, su culo flexionándose. Sudor gotea, olor a sexo crudo, coño mojado. ‘Más fuerte, pero shh’, le ruego. Me agarra la cadera, clava dedos, me folla como animal. Siento su polla palpitar, mis paredes apretando. ‘Me corro…’, gruñe bajito. Yo exploto primero, coño convulsionando, jugos bajando piernas. Él se vacía dentro, leche caliente llenándome, goteando. Jadeamos, pegados, temblando. ‘Dios…’, susurro. Limpio rápido con kleenex, su semen en mi tanga, pegajoso.
Me visto temblando, vestido rojo oliendo a nosotros. Rideau aparte. Salgo primera, cara roja fingiendo normalidad. ‘¿Qué tal?’, pregunto al aire. Él sale, cesta en mano. Vamos a caja, su mano roza mi culo disimulado. ‘Todo bien’, dice la cajera, pitando. Pago, piernas flojas, coño palpitando con su corrida dentro. Fuera, sol picando, secreto quemando bajo la ropa. Caminamos callados, sonrisas cómplices. ‘Otra vez?’, me guiña. Ay, el frisson… aún me mojo recordándolo.