Follada salvaje en el probador: mi secreto más caliente

Ayer estuve en esa tienda de ropa del centro, de esas con probadores grandes y espejos por todos lados. Estaba cachonda todo el día, pensando en mi nuevo ligue, ese tío que parece cambiado desde hace unas semanas, más agresivo, más dominante. Elegí un vestido rojo ceñido, de esos que marcan el culo y las tetas, y unas braguitas de encaje que apenas cubren el coño. Él me seguía, mirándome el trasero con ojos de lobo. ‘Pruébatelo aquí’, me dijo bajito, señalando la cabina del fondo, la más apartada pero no tanto. El corazón me latía fuerte. Cogí también una falda corta, negro, y entramos juntos. Las clientas charlaban fuera, el tintineo de las perchas, el roce del plástico nuevo contra mi piel suave.

Cerré el cortinón, ese ruido rasposo del aro en la barra, y ya estaba. Sus manos en mi cintura, apretando. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurré, pero yo ya jadeaba. Me giró contra el espejo, frío contra mis pezones duros. Me bajó el top, lamió mi cuello, mordisqueando. Olía a su colonia mezclada con mi perfume dulce. ‘Estás empapada’, gruñó, metiendo mano bajo la falda. Sus dedos gruesos rozaron mi tanga húmeda, la apartó. El coño me palpitaba, chorreando. Fuera, voces de una madre y su hija probando tallas. Yo mordiéndome el labio, él arrodillándose. Su lengua caliente en mi clítoris, chupando fuerte, lamiendo mis labios hinchados. ‘¡Joder, para, nos oyen!’, pero empujaba su cabeza contra mí. Lamía voraz, metiendo dos dedos, follando mi coño con ellos, salpicando jugos en el suelo.

La elección y la entrada

No aguanté más. Me puse de rodillas, el suelo duro bajo mis piernas. Le bajé el pantalón, zip rasgando el silencio. Su polla saltó, dura como piedra, venosa, goteando precum. La chupé ansiosa, tragándomela hasta la garganta, babeando. Él gemía bajito, ‘calla, puta’, tapándome la boca. Me levantó, me pegó al espejo, piernas abiertas. Me penetró de un golpe, su polla gruesa abriéndome el coño, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, el placer! Follando duro, embestidas rápidas, mis tetas rebotando contra el cristal helado. Veía todo en los espejos: su culo moviéndose, mi coño tragándosela, jugos bajando por mis muslos. ‘Más despacio, coño’, susurré, pero él aceleraba, clavándome, pellizcando mis pezones. Sudor goteando, respiraciones agitadas. Orgasmos nos pillaron: yo ahogada en un gemido, él corriéndose dentro, leche caliente inundándome, chorreando fuera.

Sacudida, nos vestimos rápido. El vestido rojo comprado, manchado de semen en secreto bajo la falda. Salimos, yo sonrojada, piernas temblando. La cajera nos miró raro, ‘¿Todo bien?’, sonrió. ‘Sí, perfecto’, dije con voz ronca. Fuera, su mano en mi culo, el secreto ardiendo. Aún siento su polla dentro, el riesgo… uf, quiero repetir ya.

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