Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó el otro día en ese centro comercial. Estaba con mi amiga Laura, mi confidente total, la que siempre me entiende. Habíamos ido a una tienda de ropa íntima, de esas con luces tenues y música suave. Elegimos unos vestidos cortitos, transparents, y lencería roja que gritaba ‘fóllame’. ‘Mira este, te va a quedar de puta madre’, me dice ella riendo bajito, rozándome el brazo. Yo sentía ya un cosquilleo entre las piernas.
Cogimos tres prendas cada una y nos metimos en la cabina grande, de esas para dos. El cortinón se cierra con un ‘shhh’ rasposo, y pum, silencio. Afuera, voces de clientas charlando, pasos en el suelo de mármol, el tintineo de perchas. Dentro, tres espejos enormes reflejando todo. Me quito la blusa, el sujetador salta, mis tetas al aire. ‘Joder, qué pezones tan duros ya’, murmura Laura, mirándome fijo. Ella se baja los pantalones, su coño depilado brilla bajo la luz fría. El espejo multiplica su culo redondo. Siento el aire acondicionado en la piel, frío como el cristal.
Elegimos Ropa Sexy y la Tensión Explota al Cerrar el Cortinón
Nos probamos el primer vestido. Se pega al cuerpo, marca el tanga. Nos miramos en el espejo, de espaldas, de lado. ‘Estás para comerte viva’, le susurro, y mi mano roza su cadera sin querer… o queriendo. Ella se gira, ojos encendidos. ‘¿Y si…?’ No acaba la frase, me besa el cuello. El corazón me late en la garganta. Afuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’ Nos reímos nerviosas, bajito.
No aguanto más. Le bajo el vestido, chupando un pezón. Duro, salado. Ella gime suave, ‘shhh, joder’. Se arrodilla, me abre las piernas contra el espejo. Frío en la espalda, su lengua caliente en mi clítoris. ‘Qué coño tan mojado, amor’, lame despacio, chupando el labio. Yo me muerdo el labio, las perchas tintinean al agarrarme. Miro el espejo: su cabeza entre mis muslos, mi cara de puta en éxtasis. Le meto dedos en el pelo, empujando.
El Sexo Brutal en Silencio y Nuestra Salida con el Secreto Ardiente
Cambio. Yo al suelo, ella encima, coño en mi boca. Huele a excitada, salado y dulce. Lamía su raja abierta, el clítoris hinchado. ‘Más adentro, por favor’, jadea ella, tapándose la boca. Nos ponemos en 69 contra la pared, tetas aplastadas, coños chupados vorazmente. Mis jugos le corren por la barbilla, ella moja mi cara. Dedos dentro, dos, tres, follando duro pero calladitas. Gime contra mi clítoris, vibra. El espejo nos devuelve la imagen: dos zorras devorándose, piernas temblando.
Vengo primero, ahogada, piernas flojas. Ella después, mordiendo mi muslo para no gritar. Sudor, olor a sexo fuerte, ropa tirada en el suelo. ‘Joder, qué pasada’, susurra. Nos limpiamos con kleenex, rápido. Vestidos puestos, pero sin bragas, coños palpitando.
Abrimos el cortinón. Sonrisas inocentes. La dependienta: ‘¿Qué tal?’ ‘Perfecto, nos lo llevamos todo’. Pagamos, mirándonos de reojo, el secreto quemando bajo la falda. Afuera, más clientas, ajenas. Caminamos pegadas, riendo. ‘La próxima, con un buen strap-on’, le digo al oído. Uff, aún me mojo recordándolo.