¡Dios, aún me tiemblan las piernas recordándolo! Fui con mi chico, Alex, a esa tienda enorme del centro comercial. Quería probarme unos vestidos ajustados, esos que marcan todo. Él me seguía, con esa mirada pícara. Cogí un par de faldas cortas, una blusa escotada, y unas braguitas de encaje que vi en el expositor. El roce del tejido nuevo en mis dedos… tan suave, fresco. Alex murmuraba: ‘Pruébate esta, te va a quedar de puta madre’. Reíamos bajito.
La dependienta nos miró raro cuando pedí una cabina grande. ‘Para dos, ¿eh?’, dijo con guiño. Entramos juntos, el espacio justo para dos cuerpos pegados. Shhh, el ruido de las perchas tintineando al colgar la ropa. Cerré el rideau, ese thin velo rojo que apenas separaba del bullicio afuera. Voces de clientas charlando, pasos, música pop de fondo. El espejo enorme enfrente, frío al tocarlo con la espalda. Alex se acercó ya, su aliento caliente en mi cuello. ‘Estás como una diosa’, susurró, manos en mi cintura. Yo sentía su polla endureciéndose contra mi culo. Empecé a quitarme la camiseta, despacio, mirándonos en los espejos por todos lados. Multiplicados, infinitos. Mi piel erizada, pezones duros ya. Él se bajó los pantalones un poco, solo lo justo. ‘Shh, no hagas ruido’, le dije, pero mis manos ya en su paquete. Tension montando, corazón latiendo fuerte.
La elección de la ropa y la entrada en la cabina
No aguantamos. Me giré, beso salvaje, lenguas enredadas. Sus manos bajaron mis pantalones, dedos rozando mi coño ya empapado. ‘Joder, estás chorreando’, gruñó bajito. Yo agaché, polla fuera, dura como piedra, venosa. La chupé rápido, saliva goteando, sabor salado. Él gemía ahogado, mano en mi pelo. ‘Para, o me corro ya’. Me puse de pie, falda subida, braguita a un lado. Contra el espejo, frío en las tetas. ‘Fóllame ya’, susurré. Entró de un empujón, polla gruesa abriéndome el coño. Ay, el estirón… placer punzante. Ritmo lento al principio, chapoteo húmedo apenas audible. Afuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’ Terror y morbo. Aceleró, manos en mis caderas, embistes profundas. Mi clítoris frotando su base, tetas rebotando en el cristal helado. ‘Cógeme las tetas’, jadeé. Pellizcaba pezones, yo mordía mi labio para no gritar. Cambiamos: yo de espaldas, piernas abiertas, él penetrando mirándonos en el espejo. Su polla entrando y saliendo, mi coño tragándosela, jugos bajando por muslos. Dedos en mi culo, un dedo dentro, doble follada. Gime bajito: ‘Me aprietas tanto…’. Yo masturbaba mi clítoris, orgasmos cerca. Él se tensó, ‘Me vengo’, chorros calientes dentro, llenándome. Yo exploté, coño convulsionando, rodillas flojas, ahogando grito en su hombro. Sudor, olor a sexo mezclado con perfume de tienda.
Respirando agitados, limpiamos rápido con kleenex del bolso. Me puse el vestido nuevo, él pantalones. Salimos, caras rojas, sonrisas culpables. Dependienta: ‘¿Qué tal?’. ‘Perfecto, me lo llevo’, dije, voz temblorosa. Pagué, su polla aún medio dura notándose un poco. Caminamos por el pasillo, mi coño goteando semen en las braguitas, secreto ardiendo bajo la ropa. Afuera, nos besamos: ‘Eres una puta increíble’. Frisson total, quiero repetir ya.