Era como a las tres de la tarde, en mayo, calorcito pegajoso. Entré en esa tienda enorme, Zara o algo así, buscando ropa que me marcara las curvas. Vestidos ceñidos, faldas cortas que subieran al moverme. Ahí lo vi: Pablo, mi crush del insti, con la cara toda vendada por un accidente. Solo se le veían los labios y esos ojos azules que me volvían loca de crío. Hablamos, reímos del pasado. ‘Ven, ayúdame a probar, no veo una mierda con estas vendas’, me dijo. Mi novio, su hermano, estaba por ahí comprando camisas. Qué morbo, ¿no?
Cogí un par de pantalones para él, yo una blusa escotada y un tanga nuevo. La cabina era grande, espejos por todos lados, ridículo de grande para dos. Cerré el cortina roja, ese roce metálico… clic. El corazón me latía fuerte. Voces fuera: ‘¿Te queda bien ese?’, risitas de clientas. Él se quitó la camisa, torso marcado, yo toqué la tela nueva, suave, olor a fábrica fresca. Nuestras manos rozaron. ‘Estás igual de buena que en la piscina’, murmuró, recordando mi bikini azul. Me acerqué, su aliento caliente. El espejo reflejaba todo: mi culo en la falda, su paquete hinchándose.
Elegimos la ropa y entramos… la tensión explota
Sentí su polla dura contra mi muslo. ‘Joder, Pablo…’. Dudé, pero el frisson me pudo. Fuera, pasos, música pop bajita. Bajé la cremallera de sus pantalones, saqué esa verga tiesa, palpitante. Él gemía bajito, mano en mi teta sobre la blusa. ‘Quítatela’, susurró. La tela rozó mis pezones duros, fríos contra el espejo cuando me apoyé. Sus ojos en los míos por el reflejo. Le pajé despacio, piel suave, venas marcadas. ‘Sophie… quiero decir, Carmen…’, balbuceó. Aceleré, él me metió mano en el coño, ya empapado. ‘Shhh, no hagas ruido’, le dije mordiéndome el labio. Tetitas rebotando en el espejo, su lengua en mi cuello.
No aguanté. Me arrodillé, perchas tintineando al moverme. Lamí el glande, salado, lo mamé entero, garganta profunda. Él ahogado: ‘Joder… tus tetas…’. Se las metí en la boca con la polla, rozando pezones. Fuera, voz de dependienta: ‘¿Necesitáis ayuda?’. ‘Nooo…’, respondí con la boca llena, vibrando en su verga. Me levantó, espejo frío en mi espalda. ‘Fóllame ya’. Me abrió las piernas, polla resbalando en mi coño chorreante. Entró de un empujón, tetas aplastadas contra su pecho vendado. Vaivén lento, miradas en espejos múltiples: yo cabalgándolo de lado, culo expuesto. ‘Más fuerte, pero calla’, jadeé. Manos en mi clítoris, él pellizcando pezones. Orgasmo me vino rápido, mordí su hombro para no gritar.
El polvo crudo: polla, tetas y corrida sin control
‘Ahora el culo’, le rogué, gel del bolso en su polla. Me puse a cuatro, perchas balanceándose. Dedos primero, abriéndome, luego glande presionando. Dolor-placer, ‘Despacio… aaaah’. Entró todo, espejos mostrando su polla desapareciendo en mi ojete. Follando anal, salvaje pero susurros. ‘Tu hermano…’. Él bombé, yo me toqué el coño. Corrimos juntos: chorros calientes llenándome el culo, yo temblando, coño palpitando. Semen goteando ya.
Salí primero, falda bajada, tanga dentro del bolso. Sonrisa falsa a la dependienta: ‘Me lo llevo todo’. Pagué, sintiendo el semen resbalando por muslos, caliente bajo la falda. Pablo salió, cara roja bajo vendas. Su hermano nos miró raro: ‘¿Qué habéis hecho tanto rato?’. Guiño de Pablo. El cabrón había escuchado todo detrás del cortina, su fantasme cuckold. Morbo total. Aún siento el frío del espejo en las tetas.