¡Ay, chicas, no os lo vais a creer! Ayer por la tarde entré en esa tienda de lencería del centro, la que tiene cabinas enormes con espejos por todos lados. Hacía calor, el primavera ya pica, y yo sudada del curro, buscando algo sexy para ligar este finde. Elegí un conjunto negro de encaje: tanga que apenas tapa el coño, sujetador con transparencias y un corsé que marca curvas. Las etiquetas crujían en mis manos, olor a nuevo, fresco.
Cojo todo y entro en la cabina grande, la del fondo, semioculta. Desnudo el cuerpo, espejo frío contra mis tetas al pasar. Me pongo la tanga, ajusto el encaje entre las nalgas… Llamo bajito: ‘¿Hola? ¿Me ayuda alguien?’. Entra él, el vendedor, moreno alto, ojos oscuros, sonrisa de lobo. ‘Claro, preciosa, déjame ver cómo te queda’, dice cerrando el cortinón con un roce suave. El corazón me bombea fuerte. Sus manos rozan mi espalda desnuda abrochando el corsé. ‘Qué piel tan suave… ¿Te aprieta?’, murmura cerca de mi oreja. Huele a sudor limpio y colonia. Veo en el espejo su bulto creciendo en los pantalones. Fuera, voces de clientas: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Trago saliva, tensión eléctrica.
La elección de la lencería y la entrada en la cabina
No aguanto más. Me giro, le beso el cuello. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurro. Él gime bajito, manos en mis tetas, pellizca pezones duros. Bajo su cremallera, polla enorme salta fuera, venosa, goteando pre-semen. ‘Joder, qué polla…’. Me arrodillo en el suelo frío, alfombra áspera en las rodillas. La chupo despacio, lengua en el glande hinchado, sabor salado. Él agarra mi pelo, folla mi boca suave, ‘Cuidado, nena, las clientas…’. Gemidos ahogados, saliva chorreando. Oigo pasos fuera, risas. Me levanto, él me gira contra el espejo helado, tetas aplastadas. Baja la tanga, dedos en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Lengua experta lame clítoris, chupa labios hinchados, dos dedos dentro follándome. Me tapo la boca, piernas tiemblan, veo mi cara de zorra en los tres espejos.
El clímax silencioso y la salida con el secreto
‘Te la meto ya’, gruñe. Polla gruesa empuja mi coño, entra de golpe, llena hasta el fondo. ‘¡Ahhh!’, muerdo su hombro para no gritar. Folla duro, embestidas brutales, piel contra piel chapoteando bajito. Manos en mis caderas, ‘Tu coño aprieta como puta virgen’. Veo todo reflejado: su polla entrando y saliendo, mis jugos brillando, nalgas rebotando. Cambio, me sube una pierna al banco, penetra más hondo, roza el punto G. ‘Me corro… shhh’, jadeo. Él acelera, ‘Aguanta, voy a llenarte’. Polla palpita, chorros calientes de leche inundan mi coño, rebosan por muslos. Yo exploto, coño contrayéndose, mordiéndome el labio hasta sangrar. Sudor pegajoso, respiraciones agitadas. Rápido, limpiamos con pañuelos, pero siento su semen goteando en la tanga.
Salgo primero, piernas flojas, sonrisa falsa. ‘Me lo llevo todo’, digo en caja, voz temblorosa. Él cobra, guiño pícaro: ‘Vuelve cuando quieras, preciosa’. Fuera, clientas miran, ¿sospechan? Camino con secreto ardiendo bajo la ropa, coño palpitante, olor a sexo. ¡Joder, qué subidón! Quiero repetir ya.