Follada Brutal en Cabina de Prueba con un Desconocido Tímido

Estaba en esa tienda de ropa, de esas con cabinas grandes al fondo. Después de esquiar, necesitaba algo sexy para la noche. Vi a un grupo de chicos jóvenes, riendo fuerte cerca de los probadores. Uno era callado, Thomas o algo así, con esa mirada que te come sin decir nada. Los otros hablaban de culos y tetas, como tontos. Me acerqué, fingiendo mirar una falda. ‘¿Me ayudas con esto?’, le dije bajito, tocándole el brazo. Se sonrojó, pero vino.

Cogí un vestido ajustado, negro, y unas braguitas de encaje. ‘Ven, la cabina es grande’, susurré. Entramos juntos. El ruido de las perchas tintineando, el olor a tela nueva, crujiente al tocarla. Cerré el rideau rojo, chas, y ya se sentía el calor. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’. Mi corazón latía fuerte. Me quité el jersey, quedé en sujetador. Él me miró en el espejo, nervioso. ‘¿Qué… qué haces?’, balbuceó. Puse un dedo en sus labios. ‘Shh, solo ayúdame a probármelo’. Mi mano rozó su pantalón, ya dura la polla ahí dentro.

La Elección de Ropa y el Rideau Cerrado

Nos miramos en los tres espejos. Mi culo redondo reflejado por todos lados, sus ojos clavados. Me acerqué, besé su cuello, salado de sudor. ‘¿Quieres verme desnuda?’, le pregunté, voz ronca. Asintió, tragando saliva. Me bajé las bragas despacio, el tejido suave deslizándose por mis muslos. El espejo frío contra mi espalda cuando me apoyé. Afuera, pasos, risas. Él jadeaba bajito. Le abrí el zipper, saqué esa polla gruesa, venosa, palpitante. ‘Joder, qué rica’, murmuré. La apreté, sintió mi calor.

No aguanté. Me arrodillé, el suelo duro bajo las rodillas. Lamí la punta, pre-semen salado en mi lengua. Chupé despacio, succionando, mirándolo en el espejo. Sus manos en mi pelo, temblando. ‘Para… nos oyen’, susurró. Pero empujó más adentro. Afuera, una voz: ‘¿Necesitas otra talla?’. Yo gemí bajito, vibrando en su polla. Me levantó, me giró contra el espejo. Frio en mis tetas, pezones duros. ‘Fóllame ya’, le rogué, arqueando la espalda. Escupió en su mano, mojó mi coño empapado. Entró de un golpe, ¡ah! Llenándome hasta el fondo. Polla dura, golpeando mi cervix.

El Sexo Intenso y el Secreto Caliente

Me tapé la boca para no gritar. Él embestía fuerte, silencioso, sudor goteando. Mis tetas rebotando en el espejo, su vientre contra mi culo. ‘Tu coño… tan apretado’, gruñó bajito en mi oreja. Aceleró, plac-plac húmedo, pero ahogado. Clavé uñas en sus nalgas, tirando más hondo. Sentía su polla hincharse. ‘Me corro…’, avisó. ‘Dentro, lléname’, supliqué. Eyaculó caliente, chorros espesos en mi coño. Yo me vine temblando, mordiendo mi labio hasta sangrar, jugos bajando por mis piernas.

Respirando agitados, nos vestimos rápido. Su semen chorreando dentro de mí, caliente bajo la falda. Abrí el rideau, salí primera, sonriendo al vendedor. ‘Me lo llevo todo’, dije, voz normal. Él salió detrás, rojo como tomate, evitando miradas. En caja, pagué, sintiendo el secreto quemándome. Sus ojos en los míos, cómplices. Afuera, el grupo de amigos lo esperaba, preguntando. Yo me fui, coño lleno, recordando cada embestida en los espejos. Joder, qué subidón. Aún huelo su polla.

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