Ay, chicas, no os lo vais a creer. Acabo de volver del Cirque du Soleil en Montréal. Yo, una española de treinta y pico, piel morena, tetas pequeñas pero tiesas, culo redondo… soltera y ninfómana total. Vine de viaje sola, y anoche, después del show, conocí a Anton, ese trapecista rubio, ojos azules, cuerpo de dios griego. Justaucorps ajustado marcando paquete y culo perfecto. Me invitó a su caravana, pero hoy… uf, hoy pasamos por una tienda de ropa cerca del chapiteau. ‘Prueba esto’, me dice guiñando, un vestido corto negro, lencería roja. Elegimos varios: tangas, sujetadores push-up, faldas plisadas. El tintineo de las perchas me pone ya nerviosa, olor a tela nueva, crujiente.
Entramos en la cabina grande, la más apartada. ‘¿Me ayudas con la cremallera?’, le pido coqueta. Cierro el cortinón rojo, frrrsh, y ¡zas! Silencio. Solo nuestras respiraciones. Espejos por todos lados: techo, paredes, infinito de mí misma. Él se pega detrás, manos en mi cintura. ‘Shhh, hay gente fuera’, susurra, pero su polla ya dura contra mi culo. Voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’. Yo tiemblo, coño húmedo ya. Me quito la blusa despacio, tetas al aire, pezones duros rozando el espejo frío. Brbrrr, escalofrío. Él se desabrocha el pantalón, zip bajando lento. Su verga sale, larga, fina, glabra, rosada. La miro en el espejo, babeo.
La elección de la ropa y la tensión en la cabina
No aguanto. Me arrodillo, perchas tintineando suaves. Chupada rápida, lengua en el glande, mmm, salado. Él gime bajito: ‘Cuidado, amor…’. Afuera, pasos, risas. Me levanto, me bajo el tanga, coño depilado chorreando. Me empotra contra el espejo, polla abriendo mi raja. ‘¡Ay, joder!’, susurro, mordiéndome labio. Entra de un golpe, hasta el fondo. Plaf, plaf, suave pero brutal. Mis tetas aplastadas en el cristal helado, pezones raspando. Él me agarra el pelo, embiste: ‘Tu coño aprieta tanto…’. Yo: ‘Más, pero calladitos…’. Voces cerca: ‘¿Necesitas otra talla?’. El vello erizado, adrenalina pura. Me gira, piernas en alto, espejo mostrando mi coño tragándosela. Dedos en mi clítoris, frotando. ‘Me corro…’, gimo ahogado. Él acelera, huevos golpeando mi culo. Sudor goteando, tela nueva oliendo a sexo. Su verga vibra, chorros calientes llenándome. Yo exploto, jugos bajando piernas, ahhh… mordiendo su hombro para no gritar.
Jadeamos. Rápido, nos vestimos. Mi tanga empapada, semen goteando muslo. Él: ‘Pareces inocente’. Salimos, sonrisas falsas. La dependienta: ‘¿Algo os gusta?’. Yo: ‘Sí, el vestido negro… y la lencería’. Pago temblando, coño palpitando aún. Fuera, en la calle, su mano en mi culo: ‘Otra vez en mi caravana’. El secreto quema bajo mi falda, clientas pasando sin saber. Uf, qué subidón. Mañana repito.