Follada salvaje en la cabina de probadores con mi joven amante

Ay, chicas, acabábamos de dejar a mi hija en la estación, toda triste porque se va un mes de gira con el coro. Lola, mi joven amiga, estaba hecha polvo, pegada a mí como una lapa. ‘Vamos de compras, mi amor, a distraernos’, le dije, acariciándole la cintura. Llegamos a esa tienda de ropa sexy en el centro comercial, llena de gente. Elegimos un par de vestidos cortitos, transparencias, lencería fina. ‘Pruébate este conmigo’, le susurré al oído, notando cómo su aliento se aceleraba.

Entramos en la cabina grande, la más apartada. El rideau se cierra con un ‘shhh’ suave, y ya… el corazón me late fuerte. El espejo enorme enfrente, reflejando nuestros cuerpos. Empiezo a quitarme la blusa, el roce del tejido nuevo contra mi piel, tan suave, eriza los pezones. Lola me mira, mordiéndose el labio. ‘Carmen… hay gente fuera’, murmura, pero sus ojos brillan. Oigo voces de clientas, risas, el tintineo de perchas en las barras. El aire está cargado, huele a perfume y a deseo. Me bajo la falda, quedo en bragas húmedas ya. Ella hace lo mismo, sus tetas firmes saltan libres. Nos miramos en el espejo, de lado, de frente, por detrás. Mi mano roza su cadera accidentalmente… o no. ‘Qué ganas tengo de ti’, susurro, y ella gime bajito, ‘Sí, pero shhh…’. La tensión sube, el espejo frío contra mi espalda cuando me apoyo, sus pezones rozan mi brazo.

La elección de ropa y la entrada en la cabina

No aguanto más. La empujo suave contra el espejo, su culo redondo aplastado en el cristal helado. ‘Tu coño está chorreando, puta’, le digo al oído, metiendo la mano entre sus muslos. Mojado, caliente, resbaladizo. Ella jadea, ‘Carmen… fóllame ya’. Le bajo las bragas de un tirón, el elástico chasquea. Mi dedo medio entra en su coño apretado, viscoso, ‘¡Qué puta entrada de cine!’. Ella me agarra las tetas, pellizca los pezones duros. Yo le chupo el cuello, silencio, solo respiraciones cortas. Oigo pasos fuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’. Nos reímos ahogadas. Le meto dos dedos, bombeo lento, su clítoris hinchado lo froto con el pulgar. ‘¡Joder, me corro ya!’, susurra ronca. No, la paro. La giro, cara al espejo, abre las piernas. Me arrodillo, el suelo duro me duele las rodillas, pero su coño delante, labios gordos abiertos, clítoris rosado palpitando. Lo lamo, plano la lengua, saboreo su salado dulce. ‘¡Ohhh… shhh!’, gime ella, tapándose la boca. Chupo fuerte el clítoris, lo succiono, meto la lengua dentro, follando su agujero con ella. Sus jugos me corren por la barbilla. Afuera, perchas, voces… el riesgo me pone cachonda perdida. Se corre brutal, piernas temblando, coño contrayéndose en mi boca, chorros calientes. ‘¡Sí, bébete mi leche, zorra!’, ahoga el grito.

El polvo brutal y la salida con el secreto

Ahora ella. Me pone de pie, espejo al frente. Baja mis bragas, las deja en los tobillos. ‘Tu coño maduro es una delicia’, dice, oliéndolo primero, ‘huele a puta en celo’. Dos dedos directos en mi chocho empapado, curvados en el punto G. ‘¡Fóllame así, nena!’. Bombeo contra su mano, tetas rebotando en el espejo. Me mete tres dedos, estira mi coño, el sonido chap-chap húmedo, bajito. Frota mi clítoris con la palma, rápido. Miro nuestros reflejos: ella de rodillas, yo con piernas abiertas, coño tragando sus dedos. Oigo la dependienta: ‘¿Necesitáis ayuda?’. ‘No, todo bien’, grazno yo, voz entrecortada. Me corro como loca, paredes vaginales apretando, jugos salpicando su mano, gemido ahogado en su pelo. Nos besamos, lenguas revueltas con nuestros sabores, sudadas, temblando.

Salimos, sonrientes, vestidos puestos pero bragas guardadas en el bolso, coños palpitando aún, semen seco en muslos. En caja, la dependienta nos mira raro, ‘¿Todo ok?’. ‘Perfecto, nos lo llevamos todo’. Afuera, en el pasillo lleno de gente, nos rozamos disimuladas, el secreto quema bajo la ropa. ‘Quiero más’, me dice Lola, y yo: ‘En casa, puta, pero ya sabes que esto fue brutal’. El frisson de casi ser pilladas… inolvidable.

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