Follada prohibida en la cabina de probadores: mi secreto más caliente

Ay, Dios, acabo de salir de esa tienda y aún me tiemblan las piernas. Estaba con mi novio, Javier, en un centro comercial grande, lleno de gente. Mirábamos ropa interior sexy, de esa que te hace sentir puta solo poniéndotela. ‘Prueba estos tangas’, me dijo él, con esa mirada pícara. Elegí un body negro transparente, unos vaqueros ajustados y un vestido corto que apenas cubre el culo. Las perchas tintineaban, el olor a tela nueva me ponía ya cachonda. Javier me guiñó el ojo: ‘Voy contigo a la cabina, a ayudarte’. El corazón me latía fuerte. La dependienta nos miró raro, pero dijo ‘Claro, la 3 está libre’.

Entramos apretados en ese cubículo minúsculo. El espejo grande enfrente, frío al tacto cuando me apoyé. Javier corrió el cortinón rojo, ese roce áspero… clic, cerrado. Afuera, voces de clientes, risas, pasos. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurró él, pero ya me tenía pegada a su cuerpo. Su aliento caliente en mi cuello. Me quité la camiseta rápido, el sujetador saltó. Mis tetas firmes rebotaron libres, pezones duros como piedras. Él se lamió los labios: ‘Joder, qué ganas tenía’. Sus manos ásperas bajaron por mi espalda, textura suave del body nuevo rozando mi piel. Yo… eh… me mordí el labio, excitada por el espejo que multiplicaba todo: su polla ya abultando los pantalones.

La tensión al cerrar el cortinón

No aguantamos. Javier me besó salvaje, lengua dentro, saliva mezclada. ‘Quítate todo’, gruñó bajito. Me bajé los pantalones, tanga empapada. El frío del espejo contra mi culo desnudo… brrr. Él se sacó la polla, gorda, venosa, cabeza roja brillando. ‘Mira cómo estoy por ti’. La agarré, masturbándola lento, pre-semen chorreando. Afuera, una voz: ‘¿Te ayudo con algo?’. Nos paramos, conteniendo la risa nerviosa. ‘No, gracias’, dije yo, voz temblorosa. Reanudamos. Yo de rodillas en el suelo sucio, mamada profunda. Su polla llenándome la boca, glug glug suave para no chocar dientes. Él gemía bajito: ‘Cógela toda, puta mía’.

El polvo brutal y la huida con el secreto

Me levantó, me puso de cara al espejo. ‘Mírate mientras te follo’. Escupió en su mano, lubricó mi coño chorreante. Entró de un empujón, ¡ahhh! Placer brutal, polla abriéndome entera. Follada dura, culazos contra su pubis peludo. Mis tetas botando, reflejadas por todos lados. ‘¡Cállate, joder!’, susurró cuando grité bajito. Mano en mi boca, otra en mi clítoris frotando rápido. Yo empapada, coño apretando su verga. Cambiamos: yo contra la pared, pierna arriba, él embistiendo profundo. ‘Me vengo’, jadeó. ‘Dentro, lléname’. Chorros calientes inundándome, yo explotando en orgasmo, piernas flojas, mordiendo su hombro para no chillar. Sudor, olor a sexo, tela arrugada pisoteada.

Recogimos rápido. Me puse el vestido corto, sin bragas, semen goteando por muslos. Él se abrochó, cara roja. Abrí el cortinón, aire fresco golpeando. Caminamos normales a caja. ‘¿Algo?’, preguntó la cajera. ‘Sí, el body y el vestido’, dije, voz normal pero coño palpitando aún. Pagamos, salimos. Javier me pellizcó el culo disimulando. Secretos quemando bajo la ropa, miradas de otros clientes… ¿sospecharían? El frisson me mojó de nuevo. Nunca olvidaré esos espejos viendo mi cara de zorra follada.

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